Desarrollo de Bait Al Mal durante las épocas del califato - I

Jueves 18-4-2012| IslamWeb

Bait Al Mal bajo los Omeyas
Bajo el califato de los Omeyas los fondos se incrementaron. Ibn ‘Abdul-hakam (muerto en el año 257 H.) dijo que la cantidad de dinero enviado por Maslamah ibn Majlad, que Al-la esté complacido con él, gobernador de Egipto durante el gobierno de Mu’awiah ibn Abu Sufian, que Al-la esté complacido con él, “después de haberse pagado los salarios a los funcionarios públicos y las prestaciones a sus hijos y diputados, así como a los escribas y los transportadores de trigo a Hiyaz, quedó un total de 600.000 dinares (monedas de oro) como excedente” [Futuh Misr wa Ajbariha (Conquista e Historia de Egipto), p. 117.]. Esta es, sin duda, una cantidad de dinero muy grande, ya que procedía de un solo Estado musulmán, a saber, Egipto, por no hablar de otros fondos que ingresaron a Bait Al Mal provenientes de otros Estados islámicos. No hay duda de que semejantes cantidades de dinero subrayaban la importancia de Bait Al Mal bajo los Omeyas y, por lo tanto, la grandeza de este califato.
Ibn ‘Abdul-hakam nos informa que había una administración central para Bait Al Mal en la capital del califato islámico, Damasco, y subadministraciones separadas en cada Estado. Los fondos acumulados en Bait Al Mal solían gastarse en las instalaciones de cada provincia a la perfección. El superávit de los fondos era enviado a la administración central en la capital del califato.
Era derecho de los musulmanes en los diferentes Estados bajo su gobierno, oponerse a que el dinero fuera enviado a la sede principal del Califato si no estaban seguros que todos los musulmanes habían recibido su parte. Esto ocurrió en Egipto durante el gobierno del califa Mu’awiah, que Al-la esté complacido con él. Mientras los camellos que transportaban los fondos estaban en su camino hacia Damasco, Barh ibn Haskal Al Muhri, un egipcio, detuvo la caravana preguntando: “¿Qué es esto? ¿Por qué nuestro dinero es sacado de nuestro país? Regresen”. Y regresaron hasta que llegaron a la mezquita, donde él le dijo a la gente: “¿Han recibido sus sueldos y (subsidios) para sus hijos y para emergencias?” Ellos dijeron: “Sí…” [Ibíd. p. 345.]. Entonces, el hombre dejó que (la caravana) se fuera a Damasco después de asegurarse que los soldados y las masas habían tomado sus pagos a los que tenían derecho. No hay duda de que esta situación demuestra la libertad disfrutada por las masas bajo el califato islámico.
Fue similar lo que la gente hizo con el califa Al Walid ibn ‘Abdul Malik (muerto en el año 96 H.), cuando lo acusaron de gastar el dinero de manera inapropiada. En consecuencia, él convocó a la gente en la mezquita, subió al púlpito y dijo: “He escuchado que ustedes dicen que Al Walid gasta los fondos de Bait Al Mal de forma injusta… ¡Oh, ‘Amr ibn Muhayir!, levántate y trae los fondos de Bait Al Mal”. Entonces, los fondos de Bait Al Mal fueron llevados a lomo de mulas hasta la mezquita. A continuación, se extendieron las esteras en el suelo y se vertieron sobre ellas el oro y la plata puros, hasta que se convirtieron en montones. Esto fue algo grande. A continuación, fueron traídos los encargados del pesaje para que pesaran las modelas, y resultó que había suficiente para la gente por los siguientes tres —o dieciséis según otro reporte— años, en caso de que no hubiera más ingresos en absoluto. Al Walid les dijo: “Por Al-lah, nunca he gastado un solo dirham de los fondos de Bait Al Mal para construir esta mezquita; todo lo que he gastado ha sido de mi propio dinero”. La gente se alegró y en coro decían Al-lahu Akbar (Al-lah es el Más Grande) y Al Hamdulil-lah (Gracias a Al-lah) por esto, oraron por el califa y se fueron dando las gracias y rezando” [Ibn Kazir: Al Bidaiah wa An-Nihaiah (El Principio y el Fin), 9/170, 171].
Era derecho de los musulmanes pedir prestado dinero de Bait Al Mal, sin discriminación entre el gobernante y los gobernados. (El tercer califa bien guiado) ‘Uzman ibn ‘Affan, que Al-la esté complacido con él, pidió prestados algunos cientos de miles de dirhams de Bait Al Mal, lo que fue notariado por ‘Abdul-lah ibn Al Arqam y atestiguado por ‘Ali ibn Abu Talib, Talhah, Az-Zubair, Sa’d ibn Abu Waqqas y ‘Abdul-lah ibn Omar, que Al-lah esté complacido con todos ellos; y cuando el plazo se venció, ‘Uzman, que Al-la esté complacido con él, pagó el préstamo [Al Baladhiri: Ansab Al Ashraf, 6/173].
Durante el gobierno de (el califa omeya) Omar ibn ‘Abdul ‘Aziz, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, el Estado intentó restructurar y reformar la Bait Al Mal a través de sus ingresos (Zakah, Yiziah —el impuesto de capitación exigido a los no musulmanes residentes en un Estado islámico), Jaray (impuesto a la tierra), diezmos y quintos. Omar ibn ‘Abdul ‘Aziz, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, puso en marcha su política fiscal, aumentando el gasto en las masas. Gastó en la reparación por daños a la gente hasta que el tesoro de Irak quedó vacío, y entonces tomó dinero de las arcas del Levante. [As-Salabi: Ad-Dawlah Al Umawiah (La Dinastía Omeya), p. 336]
Cuando Omar ibn ‘Abdul ‘Aziz, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, logró alcanzar la justicia social y financiera con respecto a los ingresos y desembolsos de Bait Al Mal, los fondos se incrementaron mucho durante su reinado. Entonces se embarcó en el desembolso de fondos a las personas de maneras innovadoras, lo que llevó a la eliminación de muchas crisis y problemas. Ordenó al gobernador de Irak, ‘Abdul Hamid ibn ‘Abdur-Rahman, “entregarle a la gente sus acciones”. ‘Abdul Hamid le respondió al califa diciendo: “Le he entregado a la gente el dinero de sus acciones, pero aún hay dinero en Bait Al Mal”. El califa ordenó entonces pagar las deudas de los insolventes con ese dinero: “Busca a cualquiera que haya pedido dinero prestado por cualquier cosa, excepto por propósitos estúpidos y extravagantes, y paga sus deudas”. El gobernante le replicó al califa: “He pagado sus deudas, pero aún queda algo de dinero en Bait Al Mal”. El califa le ordenó ayudar a los y las jóvenes musulmanes que tuvieran dificultades para casarse, escribiéndole: “Busca a todo hombre o mujer soltero que no tenga dinero y paga los costos de su matrimonio”. El gobernador replicó al califa: “He ayudado a cada persona que he encontrado para que se case, pero aún queda dinero en Bait Al Mal”.
Omar que Al-lah lo tenga en Su misericordia, ordenó al gobernador que iniciara un proceso de crédito agrícola con el dinero de Bait Al Mal, que sirvió como un banco estatal que proveía préstamos a los agricultores cada vez que se veían afectados por la angustia. Le dijo a su gobernador: “Quien no pueda pagar la Yiziah por su tierra, dale un préstamo para que pueda cultivar sus tierras. Nosotros no necesitaremos ese dinero (de impuestos y préstamos) por un año o dos”. [Ibn ‘Asakir: Tarij Dimashq (Historia de Damasco), 45/213.]

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Ver también:

Bait Al Mal: La era del Profeta y de los Califas - I

Bait Al Mal: La era del Profeta y de los Califas - II

Desarrollo de Bait Al Mal durante las épocas del califato - II

 

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