Ramadán en Quito, Ecuador

Ramadán en Quito, Ecuador
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“¿Y no puedes comer en todo el día?”, preguntó una de las compañeras de escuela de Shaden. “No, hasta que anochezca”, contestó Shaden, una pequeña de 8 años, con aire serio. Su compañera de clase, en el tercer año igual que ella, pareció sorprendida. Nunca antes había oído sobre ayunar y no sabía lo que era. “¿Ni siquiera agua?”, insistió nuevamente. “No”, replicó Shaden, orgullosa de sí misma. Shaden estaba tratando de ayunar durante unas cuantas horas en Ramadán. Siendo la más pequeña de una familia de siete miembros, no le gustaba sentirse excluida de la alegría de Ramadán por su edad. Por eso, deseaba ayunar tal y como hacen los adultos. Sí, definitivamente ayunaría. Sin embargo, no todos los musulmanes de Ecuador gozan de este tipo de ambiente familiar estimulante. La familia musulmana de Shaden es algo muy inusual en Quito. Si bien el número de familias musulmanas en Ecuador está creciendo lentamente, aún son muy pocas. Los musulmanes ecuatorianos, conversos en su mayoría, son por lo general las únicas personas musulmanas dentro de familias católicas. Cada día de Ramadán, tienen que ayunar y romper el ayuno solos. Esto no es algo fácil debido a que en Ecuador hay muy poco conocimiento sobre el Islam y aun menos sobre Ramadán.

 
El Centro Islámico de Quito, Masyid As-Salam (Mezquita de la paz), intenta llenar este hueco ofreciendo un espacio para rezar, aprender sobre el Islam o simplemente para compartir con otros hermanos y hermanas en la fe. Aunque el Centro Islámico es relativamente pequeño en su número, es muy activo. En las dos últimas décadas ha trabajado de varias maneras para alcanzar a la sociedad ecuatoriana en general, para así poder borrar los conceptos erróneos sobre el Islam y proveer información precisa sobre la comunidad musulmana ecuatoriana y lo que ésta representa. Lo que es más importante, el Centro Islámico ha organizado un número de eventos y actividades para satisfacer las necesidades de la comunidad. La Jutbah (sermón) del viernes se da cada semana en español por un Imam ecuatoriano. Esto ha contribuido grandemente a cimentar entre los musulmanes ecuatorianos el sentimiento de que el Islam es una religión universal y no exclusiva de algún país, clase o raza. Los musulmanes ecuatorianos, ven en el líder de la comunidad una encarnación de la identidad musulmana ecuatoriana a la cual son afines: alguien que se siente cómodo siendo musulmán y ecuatoriano simultáneamente.
 
De la misma manera, cada viernes durante los últimos 17 años, se han dado en el Centro pláticas y clases en español sobre el Islam para las musulmanas. Invitadas no musulmanas son bienvenidas y asisten regularmente. Estas huéspedes han incluido a estudiantes, maestras, periodistas, grupos joviales de monjas amigables y muchas otras. Junto con estas pláticas, los sábados por la mañana se enseña árabe y recitación del Corán a mujeres y niños. Todas estas actividades han contribuido a que los musulmanes ecuatorianos se sientan como en casa. Poco a poco, los miembros de la comunidad han propuesto iniciativas propias, explorando así nuevas formas de satisfacer las crecientes necesidades de la comunidad.
 
En los días previos a Ramadán, las actividades se incrementan. Después de la charla del viernes (en realidad, más plática que clase), las señoras guardan sus cuadernos y bolígrafos, y se ponen a hablar animadamente sobre cualquier tema. Felicitan a la hermana que acaba de tener un hijo y se ríen de las anécdotas sobre el personal del hospital que no podía pronunciar el nombre musulmán del recién nacido. Intercambian información sobre nuevas maneras –inventadas por ellas mismas– de ponerse el Hiyab o sobre nombres de tiendas que venden ropa adecuada para las musulmanas. Otras historias, sin embargo, no son tan alegres. Una hermana fue amenazada por sus padres cuando éstos descubrieron que se había convertido al Islam. Ella quiere usar el Hiyab pero tiene miedo de que sus padres se den cuenta y la echen de la casa.
 
En medio de todo este parloteo y conversación, vienen los planes de Ramadán. Todos están emocionados. Todos están pensando en cómo organizar los banquetes colectivos para romper el ayuno en el Centro. Durante Ramadán la comunidad se reúne cada viernes para romper juntos el ayuno. Las hermanas ya están pensando desde ahora en qué platillos prepararán para el Iftar (ruptura del ayuno). Una hermana malhumorada ya ha comenzado a quejarse sobre las posibles manchas de comida en las alfombras. “¡Las hermanas tienen que limpiar las cochinadas que hacen sus hijos cuando traemos comida al centro!”, exclama, más preocupada por las manchas que por la comida. Las hermanas que tienen hijos pequeños, y que por lo tanto se sienten aludidas, simplemente la ignoran por completo y siguen hablando sobre recetas. La hermana Verónica quiere monopolizar los postres. Las demás lo consienten, siempre y cuando haga panqueques de chocolate. Ella está de acuerdo, pero antes les recuerda el tiempo y el trabajo que cuesta hacerlos. Una hermana que se preocupa por la salud, recomienda ensaladas. Pocas parecen entusiasmadas al respecto. Una hermana ataviada en una túnica larga y negra interrumpe la charla para recordarles a las demás que después de comer todo eso viene la oración del Tarawih. “Es mejor no comer demasiado”, comenta, “recuerden que hay que rezar después”. Y las discusiones, planes y pláticas alegres continúan hasta que se oye el Adhan (llamado a la oración) del ‘Aser (Oración de la Tarde).
 
En Ramadán, cada noche se llevan a cabo en el Centro las oraciones del Tarawih. A veces, el Imam o alguno de los hermanos locales dirigen la oración; otras veces, llegan a Quito enviados de diferentes latitudes para dirigir las oraciones en este mes. Dichos enviados son siempre bienvenidos, pues esto da la impresión de que, aunque estén distantes geográficamente hablando, los hermanos y hermanas ecuatorianos han sido recordados por el mundo musulmán en esta ocasión. Es hermoso sentir tal hermandad a nivel mundial. De igual manera, en algunas ocasiones las donaciones alcanzan para cubrir los gastos de los Iftar y las festividades del ‘Id. Otras veces, sin embargo, los fondos no son suficientes, y la comunidad trata de cubrir los gastos como puede. Las hermanas se preocupan, por lo general, de que haya suficiente dinero para hacer una fiesta adecuada del ‘Id para los niños. A veces, incluso el contagiarse de ánimos por el ‘Id resulta difícil. Es difícil, competir con la Navidad cuando alrededor del 80% de la población es católica, al menos de nombre –incluyendo los parientes de algunos niños–. Abuelos, tíos y tías, siempre les dan obsequios increíbles para Navidad. Cualquier niño puede confirmar que el ‘Id no es ‘Id sin globos, regalos y dulces.
 
Ramadán, para la comunidad musulmana de Ecuador, ha ido mejorando en los últimos años. Hay más actividades que antes, una mejor organización y más contacto con los países predominantemente musulmanes. Aún hay mucho por hacer, y la comunidad debe enfrentar muchos retos por ser una minoría religiosa floreciente en el Ecuador (menos del 1% de la población). Pero Al-lah Es muy Generoso y Amable, y no Olvida a quienes Lo recuerdan, incluyendo a quienes se encuentran en lugares que suenan tan remotos como Ecuador.
 
 

Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con ustedes.

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