Una perspectiva islámica de la Navidad (Parte 2)

Una perspectiva islámica de la Navidad (Parte 2)
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Por supuesto, también está el problema de los niños. Ellos son bombardeados con innumerables anuncios de juguetes y básicamente se les hace un “lavado de cerebro” inculcándoles la idea de que tienen que esperar algo debajo del árbol de Navidad. Debemos admitir que el árbol de Navidad, brillante y colorido, es atractivo a la vista, y se hace aún más tentador cuando hay varios regalos envueltos debajo de él.
Para los musulmanes, todas y cada una de las cosas que hacemos son parte de nuestra adoración al Único y Supremo Dios, nada se excluye. No hacemos ninguna distinción entre lo secular y lo religioso. En realidad, el término español “religión” no transmite todo lo que abarca la naturaleza del término árabe “Din”. Puede ser que seamos calificados como “fundamentalistas”; pero, ¿existe algo más básico (o “fundamental”) que aplicar nuestro código de moral absoluta tan consistentemente para cada cosa que hacemos? ¿No es este el nivel más elevado?

La base de nuestro código moral es el Corán, la única revelación intacta, y el estricto seguimiento de los reportes de quienes observaron al Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, conocidos como Hadiz. En otras palabras, los musulmanes seguimos el ejemplo del Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, sobre el cual basamos nuestras prácticas cotidianas.
Hablando estrictamente, para los musulmanes existen dos fiestas, los dos ‘Ids: el ‘Id Al Fiter –la festividad inmediatamente después de terminar el ayuno de Ramadán– y el ‘Id Al Adha –el festival del sacrificio durante el tiempo del peregrinaje mayor (Hayy)–. Hay que enfatizar que no celebramos cumpleaños (contrario a todas las convenciones occidentales), ni siquiera los cumpleaños de los Profetas, incluido el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam,
Los musulmanes tienen a Jesús, la paz sea con él, en alta estima, le tienen un gran respeto como uno de los más grandes Profetas. Sin embargo, no celebran su nacimiento ni el de ningún otro Profeta. Aunque pueda parecer intolerante a los cristianos que los musulmanes no celebren ni los feliciten en Navidad, es por respeto a Jesús, la paz sea con él, que nos negamos a participar en esas prácticas. Nosotros no podemos permitir prácticas que, para nuestro punto de vista, faltan el respeto a Jesús, la paz sea con él, y hacen de él el centro de la adoración como una figura divina. Además, la evidencia antes mencionada ha demostrado que muchas de estas prácticas no tienen ninguna relación con Jesús, sino que más bien tienen orígenes paganos.
¡Preguntamos! ¿Necesitamos celebrar el solsticio de invierno? ¿Tenemos miedo de que el sol no regrese a nosotros en este frio y oscuro periodo de invierno? ¿A caso las costumbres de intercambiar regalos y o los símbolos de renovación (como los árboles de pino) son un recordatorio necesario de que la primavera llegará nuevamente? ¿Es acaso el materialismo en esta época, tan evidente en Occidente, algo digno de imitar?
El Corán explica qué es lo más importante para celebrar. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Ten paciencia [¡Oh, Muhammad!] a sus injurias, y glorifica con alabanzas a tu Señor antes de la salida del sol y antes del ocaso, durante la noche y durante el día, para que así [Al-lah te Retribuya con una gran recompensa y] quedes complacido. No codicies [¡Oh, Muhammad!] aquello con que Hemos agraciado a algunos de los ricos [de los incrédulos], pues son solo placeres de esta vida mundanal con los que los Ponemos a prueba. Y sabe que la recompensa que tu Señor Tiene reservada es mejor y más duradera.} [Corán 20:130-131]
Para los musulmanes, Jesús, la paz sea con él, es uno de una serie de Profetas (25 de los cuales están mencionado específicamente en el Corán, junto con el último o el sello de ellos: Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam). Estos Profetas y Mensajeros fueron enviados a grupos específicos de personas, con excepción de Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, cuyo mensaje fue el final, enviado (en forma de revelación) para el beneficio de toda la humanidad. Jesús, la paz sea con él, fue uno de los Mensajeros enviados a un grupo particular de personas: los judíos. Desafortunadamente, con excepción del Corán, ninguno de esos mensajes anteriores fue preservado intacto. Más específicamente, no tenemos un Evangelio o Inyil según Jesús, la paz sea con él; sino que tenemos una serie de escritos, la mayoría de los cuales fueron redactados después de la desaparición de Jesús y principalmente influenciados por Pablo.

Incluso, muchos estudiosos cristianos reconocen que esos escritos son, históricamente, de exactitud cuestionable y no representan las opiniones de los primeros seguidores de Jesús, la paz sea con él. En contraste, la revelación final, el Corán, está conservada con precisión y consiste solo del texto original en árabe. De manera contraria, las biblias cristianas (y hago énfasis en la pluralidad de versiones y diferencias entre ellas), no existen revisiones ni existen versiones del Corán en otros idiomas. Todos los musulmanes tienen el mismo texto árabe como el Corán.
Cuando era director de las actividades de Da’wah (propagación religiosa) en uno de los centros islámicos de Chicago, tuve la oportunidad e conocer a muchos de los visitantes del centro, incluyendo a estudiantes misioneros cercanos a Billy Graham en Weaton, Illinois. Cierta vez, uno de sus estudiantes le preguntó a uno de los musulmanes que venía a la oración del viernes: “¿Tú aceptas las verdaderas enseñanzas de Jesús?” Su respuesta fue (como todo musulmán de conocimiento debería responder): “Definitivamente”. El estudiante entonces preguntó: “Entonces, ¿aceptas que él murió por tus pecados?” El musulmán respondió: “¡Por supuesto que no!” Él no intentaba poner en ridículo o molestar al estudiante; por el contrario, él estaba mostrando respeto por el Profeta Jesús, la paz sea con él, ya que lo conocemos por los relatos del Corán. Esto puede ser muy frustrante para un cristiano, pues puede no estar al tanto de la perspectiva islámica de la vida y el rol de Jesús, la paz sea con él. Quiero enfatizar el hecho de que los musulmanes respetan profundamente a Jesús y a su madre, la virgen María, que Al-lah Esté complacido con ella, y los tienen en alta estima. No existe nada despectivo en esta revelación sobre ellos.

Es lamentable que a menudo no se muestre el mismo grado de respeto hacia los musulmanes y hacia el último Profeta, Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Ya que los musulmanes los respetan mucho, naturalmente no quieren realizar ningún acto que los represente mal en ningún sentido. Las creencias cristianas han distorsionado sus roles; por lo tanto, nosotros, como musulmanes, no admitimos ni participamos en esas prácticas. Cabe recalcar que esto no es por falta de respeto a nuestros colegas cristianos; sino que es por respeto y amor a Jesús y María, y a Dios mismo, que nos negamos a participar.
En conclusión, pido a Al-lah que recordemos lo que realmente tenemos que celebrar (es decir, las alabanzas al Dios Supremo) como lo sostiene el Corán (que se interpreta en español): {¿Acaso no ves [¡Oh, Muhammad!] que todo cuanto existe en los cielos y la Tierra glorifica a Al-lah? Hasta las aves con sus alas desplegadas lo hacen. Todos saben cómo adorarle y glorificarle; y Al-lah bien Sabe lo que hacen. A Al-lah pertenece el reino de los cielos y de la Tierra, y ante Él compareceréis.}[Corán 24:41-42]


 

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