Lecciones y moralejas del segundo pacto del ‘Aqabah (Parte 2)

Lecciones y moralejas del segundo pacto del ‘Aqabah (Parte 2)
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1.       La elección de los jefes nos enseña importantes lecciones, como:
a.       El Mensajero, sallallahu ‘alayhi wa sallam, no nombró a los jefes, sino que dejó la elección para aquellos que juraban fidelidad, porque de éstos era de quien serían responsables y representantes. Y es más digno que el uno mismos elija a quien se responsabilice de él y vele por sus asuntos. Era una cuestión de consulta mutua, y el Mensajero, sallallahu ‘alayhi wa sallam, les señaló que la consulta era la mejor forma para que ellos designaran a sus propios líderes.
b.      La representación proporcional en la elección de los jefes. Así pues, es bien sabido que los que asistieron al pacto de la tribu de Al Jazray eran más que los de Al Aws; casi representaban el triple de su número y más. Por eso, los jefes tuvieron que ser tres de Al Aws y nueve de Al Jazray.
c.       El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, hizo que los jefes fueran supervisores de la marcha de la Da‘wah en Yazrib, como ya se había fortalecido el Islam allá y aumentó el número de los que lo abrazaban, el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, quiso hacerles sentir que ya no eran extraños como para enviarles a alguien, y que desde ese momento en adelante ellos serían gente del Islam, sus protectores y partidarios.
2.       Los líderes de La Meca confirmaron la noticia del pacto entre el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y los Ansar, que al-lah esté complacido con ellos. Por consiguiente, salieron en busca de estos últimos y alcanzaron a Sa‘d ibn ‘Ubadah en Adhajir y Al Mundhir ibn ‘Amr, que Al-lah esté complacido con ellos, siendo ambos jefes. Este último consiguió salvarse de ellos, mientras que Sa‘d fue capturado. Le ataron las manos al cuello con la barriguera de su cabalgadura y lo llevaron hasta entrar en La Meca, golpeándolo y tirándolo de su pelo que era denso. Logró salvarse de Quraish por el pacto que tenía con Al Hariz ibn Harb ibn Umaiiah y Yubair ibn Mut‘im, ya que él cuidaba de los intereses de estos dos en Medina. Así, fue salvado gracias a las tradiciones de Al Yahiliah, no por las espadas de los musulmanes. Y pese a esto, no se angustió, porque sabía bien que los musulmanes eran perseguidos en La Meca e no tenían la capacidad para defenderse a sí mismos.
3.       En la propuesta de Al ‘Abbas ibn ‘Ubadah ibn Nadlah, que Al-lah esté complacido con él: “Por Al-lah, Quien te Ha enviado con la verdad, si quieres, lucharemos contra la gente de Mina mañana con nuestras espadas,” y la respuesta del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam: “No se nos ordenó esto; volved a vuestras tiendas”, hay una lección educativa muy significativa que consiste en que la defensa del Islam y el trato con los enemigos de esta religión, no son asuntos abiertos a Al Iytihad (al juicio u opinión) de sus seguidores, sino que se deben desarrollar en sumisión a las Órdenes de Al-lah, Alabado Sea, y a Sus Legislaciones sabias. Cuando se legisla Al Yihad, se debe llevar a cabo o depende de la decisión de Al Muytahidun (pl. Muytahid), después de la consulta mutua y el estudio del asunto con todos sus detalles. Cuánto más fuerte es el ingenio del planeamiento político, mayor será el éxito de las misiones. Ocultarle al enemigo los planes y llevarlos a la práctica es lo que garantiza su éxito, con el Permiso de Al-lah, como lo manifiesta el dicho del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam: “Volved a vuestras tiendas”.
4.       El juramento de fidelidad para los hombres consistía en que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, estrechara la mano. Le dijeron: “Estréchanos la mano,” así que lo hizo, y le juraron fidelidad. Pero, el juramento de fidelidad hecho por las mujeres era sólo verbal, y el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, jamás dio la mano a ninguna mujer que no fuera de sus Maharim (plural de Mahram). De este modo, ninguno faltó al juramento de fidelidad al Mensajero, sallallahu ‘alayhi wa sallam, e incluso las dos mujeres participaron en el pacto de la guerra y cumplieron su promesa:
·         Nusaibah bint Ka‘b (Umm ‘Umarah), que Al-lah esté complacido con ella, salió de Gazwat (la batalla de) Uhud con doce heridas. Había salido el día de Uhud con su esposo, Zayd ibn ‘Asim ibn Ka‘b, que Al-lah esté complacido con él, con un odre de agua del cual daba de beber a los musulmanes. Y cuando los musulmanes fueron derrotados, se dirigió a donde estaba el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, luchando y defendiéndole con la espada. Presenció el Pacto de Ar-Ridwan; su hijo fue despedazado por Musailamah Al Kadhdhab (el mentiroso), pero no flaqueó ni se rindió. También presenció la batalla de Al Iamamah en las guerras contra la apostasía con Jalid ibn Al Walid, que Al-lah esté complacido con él, donde luchó hasta que perdió su mano y sufrió doce heridas.
·         La segunda mujer es Asma’ bint ‘Amr, que Al-lah esté complacido con ella, de Banu Sulaimah. Unos dijeron que era la madre de Mu‘adh ibn Yabal, que Al-lah esté complacido con él, mientras que otros dijeron que era su prima por su tía paterna.
5.       Cuando leemos las biografías de los Compañeros de Al Ansar, que Al-lah esté complacido con ellos, que tuvieron parte en el Segundo Pacto de Al ‘Aqabah, encontramos que casi el tercio de estas setenta y tres personas murieron como mártires durante la vida del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y tras su muerte. También, notamos que casi la mitad presenció todos los eventos importantes con el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam; treinta y tres de ellos estaban al lado del Mensajero, sallallahu ‘alayhi wa sallam, en todas sus Gazawat (plural de Gazwah), mientras que los que participaron en Gazwat Badr fueron casi setenta.
Los Ansar, que Al-lah esté complacido con ellos, cumplieron su promesa al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, pues entre ellos hubo quien murió y se encontró con su Señor como mártir, mientras que otros sobrevivieron hasta que contribuyeron en el establecimiento del Estado musulmán y tomaron parte de sus acontecimientos más importantes después de la muerte del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam. Con tales ejemplos se estableció el Estado del Islam, las figuras que dan y no toman, las que lo ofrecen todo y no esperan sino el Paraíso. La historia, en todas sus épocas y etapas, es incapaz de comprender en sus páginas a unos hombres como tales.

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