Esperando Ramadán (parte 1 de 2)

Esperando Ramadán (parte 1 de 2)
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Es sabido que nuestros primeros eruditos musulmanes solían pasar los seis meses previos a Ramadán pidiendo a Al-lah que les permitiera vivirlo con fe, y los seis meses siguientes orando a Al-lah para que aceptara todas las obras buenas que trataron de hacer en él.


Es mucho lo que depende de este mes de virtud –mucho en términos de alcanzar todo nuestro potencial con el apoyo de Al-lah para purificar nuestra fe y nuestra práctica–. Porque con todo nuestro enfoque en este tiempo “espiritualmente intensivo” no podemos –no debemos– darnos el lujo de dejarlo ir sin haber hecho nuestro mejor esfuerzo.


Antes que aparezca la primera luz de la luna creciente de Ramadán, necesitamos prepararnos, práctica y espiritualmente, tanto como podamos para que no se pierda ninguna obra de beneficio cuando este portal del Paraíso se abra realmente para nosotros. Estar tan próximos a Al-lah, Sus libros, Sus ángeles y Su adoración, cuando podemos en verdad renacer, es de un valor inexplicable.


Prepararnos para Ramadán


La preparación para Ramadán implica diferentes cosas para diferentes personas. Quienes trabajan tiempo completo pueden tener la opción de disponer de algunos días de descanso, preferiblemente durante el último tercio de Ramadán. Otros querrán crear un horario para llegar temprano a casa. Y lo opuesto –comenzar a trabajar tarde después de una noche de Salah– podría funcionar mejor para los que deciden pasar en vela la noche.


Hay otros aspectos logísticos que deben organizarse de antemano. Piensa en una lista completa de compras para el Iftar y el Suhur antes de Ramadán y abastécete de todo cuanto puedas antes de los ciclos intensos del mes y de sus ritmos. Ten listas las pastas, salsas, rellenos, y todos los elementos necesarios para facilitar la preparación diaria de alimentos. No quieres desperdiciar tiempo pelando y cortando cuando podrías estar leyendo el Corán y haciendo Dhiker.


Considera coordinar viajes compartidos con otras personas para ir y venir del Tarawih. Y planea viajes especiales a la mezquita que normalmente no haces, en especial con comunidades con las que normalmente no rezas, para conseguir esa sensación de maravillosa diversidad y unión de nuestra Ummah. El punto es que Ramadán tiene muchos aspectos prácticos qué preparar, de modo que adelanta la mayor cantidad de trabajo que puedas antes de que nos sumerjamos en Ramadán, así no perderás tiempos preciosos de adoración.


Hay preparaciones psicológicas que son aún más importantes, como levantar el estado de ánimo propio y de la familia. Mantén a los pequeños entusiasmados con la nueva rutina. Explícales la alegría de Ramadán. Sobra decir que cuando estamos felices y animados con algo nuestros hijos obtienen sin esfuerzo esa energía de nosotros.


Habla con tu esposa sobre cómo coordinarán sus esfuerzos. Esto es especialmente importante si los niños son pequeños y la madre cuida de ellos todo el día. En mi caso, todos vamos a la mezquita para el Tarawih. Mi esposo hace los ocho Rak’ah mientras cuido de los niños. Luego, completa Witer y se encarga de los niños por mi. Entonces es mi turno de realizar los ocho Rak’ah.
Esto funciona muy bien. Ambos nos concentramos en el Salah individualmente sabiendo que los niños están en buenas manos, y lo sentimos como un buen trabajo en equipo, la forma en que debe ser una familia. En las últimas 10 noches, nos turnamos las noches impares para nuestro Qiam personal.


Esto no es sobre igualdad sino sobre nuestro deseo de compartir el crecimiento de la fe en la familia. Y hay un precedente. Tomemos, por ejemplo, al Compañero que solía despertarse en el primer tercio de la noche para hacer el Salah. Cuando terminaba, despertaba a su esposa para su Tahayud. Cuando ella completaba su tercio, despertaba a su hija, de modo que esa casa estaba en Salah toda la noche y la lámpara de la adoración se mantenía encendida en su interior.


Una de las medidas prácticas obvias que debemos tomar antes del primer amanecer de Ramadán es ayunar en el mes anterior. Esta era la rutina del Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y tiene mucho sentido. En especial con la llegada de Ramadán en verano, necesitamos entrenarnos para el ayuno en las semanas antes de que el ayuno se haga obligatorio.


Piénsalo, puedes pasar la primera semana o más de los largos días de ayuno, sin poder casi funcionar debido a la falta de ajuste fisiológico, en cuyo caso no serás capaz de hacer muchas cosas que habías planeado y que deseabas (y un mal inicio puede dañarte todo tu Ramadán). O puedes ayunar tanto como puedas en el mes anterior, y de esta forma tendrás tus niveles de energía y tu capacidad de ayuno al máximo, mientras te concientizas psicológicamente y te entrenas para todo lo que deseas alcanzar espiritualmente en los días benditos por venir.

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Esperando Ramadán (parte 2 de 2)

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