“Se consultan entre ellos todos sus asuntos”

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Ash-Shura (la consulta) es una palabra que constantemente es y ha sido usada por los eruditos de diferentes ciencias, como el Tafsir (exégesis), el Fiqh (jurisprudencia) y la política, y hasta por poetas y lingüistas. Pero lo mejor de todo es el ejemplo vivo que el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, sus sahabah y las generaciones que les sucedieron nos dejaron de la forma en que se aplica este principio fundamental del Islam.

Ash-Shura es un fundamento instituido por el Islam sobre el cual se estableció la sociedad musulmana y que se usa para decidir los diferentes temas de importancia para la comunidad, e incluso los asuntos personales.

En el Corán encontramos que este término se mencionó de forma clara y directa en tres partes, estas son:

• {Y si ambos (padre y madre), de mutuo acuerdo y consultándose, desean destetar al hijo antes de tiempo, no cometen falta} [Corán 2:233].
• {Por tanto, perdónalos y pide el perdón para ellos y consúltales en el asunto} [Corán 3:159].
• {[…] se consultan entre ellos los asuntos} [Corán 42:38].

El último verso que mencionamos se encuentra en el capítulo llamado Ash-Shura (el número 42), nombre del principio sobre el que estamos reflexionando, y el cual fue revelado durante el periodo de La Meca, es decir, antes de que las leyes comenzaran a ser dictadas por Al-lah, antes de que el Halal y el Haram fueran instaurados, lo que indica claramente que este principio debe estar presente en la vida del individuo y la sociedad islámica en todo momento.

En la aleya del capítulo de Al Baqara (La vaca, el número 2) que mencionamos anteriormente, vemos cómo el principio de Ash-Shura abarca asuntos que van más allá de lo meramente político y económico. En ese verso se está tratando un asunto familia y privado: el destete del bebé antes de los dos años, si no hay una razón médica o válida por la ley para ello. Es un asunto privado que deben decidir ambos padres y por mutuo acuerdo, pero que, como dijimos, revela el alcance que la consulta tiene en la vida de la sociedad islámica.

Estos versos nos enseñan también que las decisiones no deben ser tomadas por una sola persona, aunque se trate quien gobierne o tenga un cargo de mando determinado. Igual sucede en el hogar, donde las decisiones deben ser tomadas de común acuerdo entre ambos cónyuges, y no solo por uno de ellos, o por el hombre solamente, como se suele pensar.

De los tres versos, el segundo, el que se encuentra en Sura Al ‘Imran (La familia de Imran, el número 3) es el más sorprendente de todos, puesto que esta aleya fue revelada después de la derrota de los musulmanes en la batalla de Uhud. Como sabemos, al enterarse de que los enemigos de La Meca iban a atacar Medina, el enviado de Al-lah y los principales de sus sahabah veían que la mejor estrategia era repeler el ataque quedándose en la ciudad; sin embargo, un grupo de jóvenes, dentro de los cuales había varios que no participaron en la batalla de Bader, le sugirieron al Profeta que defendiera la ciudad cortándoles el camino en Uhud. El Mensajero de Al-lah, con base en la consulta realizada, accedió a su petición, por lo que dejaron la ciudad y se dirigieron a Uhud. En este verso no solo encontramos que Al-lah le pidió a Su Profeta que tuviera consideración con sus sahabah, pese a que la derrota y la pérdida de quienes murieron en la batalla lo agobiaba, sino que, además, lo instó a que continuara aplicando el principio de Ash-Shura.

El Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, respondió a las órdenes de Al-lah aplicando Ash-Shura en cada uno de sus asuntos, por ello consultaba con sus sahabah las cuestiones diarias que se presentaban y en las que no había sido revelado un juicio determinado, porque cuando Al-lah decreta algo, ya no hay posibilidad alguna de que se tome otra decisión. Dijo Al-lah: {Ningún creyente, sea hombre o mujer, tiene la opción de elegir sobre un asunto que ha sido decretado por Al-lah y por Su Mensajero. Y quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero estará en un claro extravío} [Corán 33:36].

Los beneficios de la aplicación del principio de la consulta se hicieron evidentes durante toda la vida del Profeta. En Bader, cuando la caravana que los musulmanes pretendían tomar (como compensación por lo que los idólatras de La Meca les habían robado), se les escapó y se enteraron de que los Quraish planeaban atacarlos allí en Bader y acabar con ellos, el enviado de Al-lah reunió a sus sahabah para consultar qué hacer, pues ellos no habían salido de Medina con la intención de combate y quería conocer la opinión de los Ansar, porque ellos le habían prometido fidelidad y protección en Medina y no fuera de ella, así que dijo: “Denme su opinión”. Entonces los Ansar le respondieron: “Creímos en ti y te dimos nuestra promesa de fidelidad. Decide lo que quieras, que nosotros estamos contigo. No seremos como los hijos de Israel que le dijeron a Moisés (cuando se encontraron con aquel pueblo después de haber atravesado el mar): ‘Vayan tú y tu Señor y combatan ustedes dos; nosotros nos quedaremos aquí’; sino que te decimos: ‘Vayan tú y tu Señor y combatan, nosotros combatiremos con ustedes’. Lucharemos con paciencia y pediremos a Al-lah que veas en nosotros lo que deseas y lo que te dé dicha y alegría”.

En esa misma batalla, Al Habab, que Al-lah esté complacido con él, al ver que el lugar que se había escogido para acampar no era el más recomendado, le dijo al Profeta: “¿Al-lah te ha ordenado que hiciéramos nuestro campamento aquí? Si es así, debemos obedecer; pero si es solo una estrategia, yo tengo otra opinión”. El enviado de Al-lah lo escuchó y se convenció de que su plan era mejor, por lo que aprobó la sugerencia de Al Habab.

Les consultó a sus sahabah qué hacer con los prisioneros tomados en Bader, qué hacer con los confederados, y siguió la opinión de Salman Al Farisi de excavar el foso para proteger Medina. De igual forma, les consultó sobre un tema personal, el del Ifk (la calumnia) que se lanzó sobre su propia esposa, Aisha, quien fue declarada inocente por Al-lah Mismo más adelante.

Es importante reflexionar sobre el hecho de que, pese a que el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, no tenía necesidad ni motivo alguno para consultar, ya que él era guiado directamente por Al-lah y recibía la revelación divina, por lo que era infalible, además de ser la persona más inteligente, más ecuánime y racional; pero pese a todo eso él consultaba a sus sahabah.

El principio de Ash-Shura en el periodo de Abu Baker

El Profeta no eligió un sucesor como tal, solo dejó señales, pero no lo nombró. Lo que hizo fue dejar que sus sahabah lo escogieran basados en la consulta entre ellos. Ash-Shura dio como resultado que fuera escogido el mejor de todos ellos, la persona más cercana y amada por el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, Abu Baker As-Siddiq.

Durante el periodo en el que gobernó a los musulmanes, Abu Baker siguió el ejemplo del Mensajero de Al-lah, por lo que consultaba los asuntos trascendentales con los demás sahabah, como qué hacer con aquellos que se negaban a pagar el Zakat o reunir el Corán en el Mus-haf (el Corán escrito).

Luego le sucedió Omar, y pese a que fue una persona sobre la que el Profeta dijo que era un orador inspirado por Al-lah y que obedecerle era obligatorio, pues él sería uno de los califas bien guiados, no dejó la Ash-Shura a la hora de tener que tomar una decisión que tuviera que ver con la vida de la comunidad musulmana.

Uno de los grandes ejemplos de la forma en que Omar Ibn Al Jattab aplicó el principio de Ash-Shura fue cuando iba a Sham; antes de llegar se enteró de que la peste se había esparcido por toda esa tierra, así que consultó a los sahabah, tras la consulta decidió que regresaría y no entraría a Siria, pese a que Ibn ‘Auf lo recriminó por su decisión alegando que huía del decreto de Al-lah. Pero Omar aclaró todo recordando que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, había prohibido que se entrara a un lugar donde había peste y que nadie saliera de un pueblo o ciudad donde el contagio era inminente. 

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