El problema del mal, una solución islámica multifacética (parte 4 de 7)

13/05/2026| IslamWeb

Las limitaciones de la perspectiva humana
El punto de vista teológico de muchos eruditos musulmanes sobre el mal es que no existe el mal absoluto, sino que el mal parcial o subjetivo se produce con el conocimiento, la sabiduría, la misericordia y el permiso de Dios para una amplia gama de posibilidades moralmente justificables. El mal absoluto es aquel que no es superado por el bien, ya sea en esta vida o en la otra. En este sentido, Ibn Taimia dijo:
[Dios] no crea el mal puro (o absoluto). Más bien, en todo lo que Dios crea hay un propósito sabio en virtud del cual es bueno. Sin embargo, puede haber algo de maldad en él para algunas personas, y esto es maldad parcial (o) relativa. En cuanto al mal total o absoluto, Dios está libre de este.
Además, Ibn Taimia sostenía que hay innumerables sabidurías posibles para que Al-lah haya permitido que se produzca algún sufrimiento relativo en este mundo. Si un teísta objetivo aceptara que la Sabiduría Divina aborda con éxito la existencia del sufrimiento en este mundo, ¿cuál es entonces la respuesta a la pregunta que se plantea a menudo: “¿no podría haber creado Dios un mundo en el que no exista en absoluto ningún sufrimiento?”
Es ciertamente posible para Dios crear un mundo en el que no exista el sufrimiento, como el Yanna (el Paraíso) con sus numerosas descripciones en el Corán y en los hadices (narraciones proféticas) auténticos. También es ciertamente posible para Dios crear seres infalibles sin libre albedrío como los ángeles {… no desobedecen a Dios en lo que Él les ordena, sino que ejecutan Sus órdenes} [Corán 66:6]. Sin embargo, esta vida fue creada con la Sabiduría de Dios para un propósito mayor, precediendo a la vida eterna del Paraíso donde no existe el sufrimiento. Ibn Taimia, al igual que Ibn Sina (Avicena) antes que él, opinó que cuando Al-lah crea algo (por ejemplo, el libre albedrío), debe crear necesariamente (e inevitablemente) su análogo necesario. Dios no uniría dos contradicciones lógicas, como crear un creyente completo que, al mismo tiempo, es un incrédulo completo, o alguien que existe y no existe a la vez. Por lo tanto, teniendo en cuenta los atributos perfectos de Al-lah de sabiduría, conocimiento, misericordia y poder, era necesario que exista un “mundo mejor”, con la prueba del libre albedrío humano, en el que también exista el sufrimiento, para que se cumpliera el propósito mayor de Dios.
Aunque ciertamente debería haber un nivel de humildad epistémica debido a nuestra incapacidad para acceder al vasto conocimiento y sabiduría de Dios, la revelación de Dios (es decir, el Corán) aclara muchas facetas del sufrimiento, el mal y el bien, para que el ser humano sea capaz de afrontar eficazmente las dificultades y acercarse a Dios, siendo consciente de un bien mayor y un objetivo mayor.
La naturaleza de esta vida y sus pruebas
Imagina por un momento el escenario de un ser humano que espera que esta vida consista en que no haya ninguna enfermedad, ningún dolor, ninguna catástrofe, ninguna opresión, ninguna calamidad ni muerte y ninguna injusticia en ninguna de sus formas. ¿Cómo puede entonces ese individuo afrontar el sufrimiento cuando le sobreviene si la expectativa es que esta vida excluya toda forma de sufrimiento? Un joven del Medio Oriente, por ejemplo, abandonó la adoración a Dios después de que a su madre le diagnosticaran un cáncer y poco después falleciera. A pesar de que el joven estaba expuesto frecuentemente a enfermedades en el hospital donde trabajaba, se enfadó con Dios por permitir que su madre enfermara y falleciera. Después de varios años de ateísmo, cuando su rabia empezó a disminuir, la pregunta que lo hizo volver a Dios fue: “¿Cuál es su alternativa sugerida (a las enfermedades y a la muerte)?”. ¿La alternativa sugerida es que esta vida no incluya enfermedades, o es que las enfermedades solo sean leves? ¿Se permiten ciertos tipos de enfermedades y se excluyen otras? ¿Quién decide la cantidad de sufrimiento y enfermedad que puede existir razonablemente?
¿Qué pasa con la muerte? ¿Se considera la muerte como algo malo, o es una realidad esperada en este mundo? ¿Son ciertos tipos de muerte razones justificables para dejar de adorar a Dios o todas las muertes son igualmente “malas”? Así pues, psicológicamente, aunque el sufrimiento en sí mismo es grave y no se menosprecia de ninguna manera al plantear estas preguntas retóricas, las sugerencias alternativas presentadas por los ateos son sugerencias que traicionan una falsa expectativa de esta vida. Si uno busca una vida en la que no exista el sufrimiento, con una casa, un cónyuge, una riqueza y una salud perfectas, entre otras expectativas, entonces a esa persona le resultará extremadamente difícil aceptar la realidad de esta vida tal como es y, de hecho, lo que busca es el Paraíso.
La naturaleza de esta vida, tal como Dios nos ha revelado, tiene un propósito que incluye pruebas y adversidades fáciles y dificultosas. {Toda alma probará la muerte. Los pondré a prueba con cosas malas y cosas buenas, pero finalmente volverán a Mí para ser juzgados} [Corán 21:35]. Esencialmente, el que se enfada con Dios por la naturaleza de esta vida está pidiendo tener control sobre lo que esta vida conlleva o no de facilidad y dificultad. Además, las pruebas de esta vida no carecen de objetivo o de sentido, de modo que el ser humano esté existencialmente vacío o perdido; en cambio, Al-lah explica que esta vida es una prueba: {Él es Quien creó la muerte y la vida para probarlos y distinguir quién obra mejor} [Corán 67:2]; de modo que las vidas tengan sentido y se vivan con productividad y optimismo antes de la vida eterna después de la muerte.
Además, si se dejara la cuestión en manos de los seres humanos en cuanto a la cantidad de sufrimiento que se considera “razonable”, sin cuestionar la sabiduría de Dios, nunca se alcanzaría un consenso y la variedad de perspectivas subjetivas pondría de manifiesto una importante debilidad en el argumento del mal. Por ejemplo, Andrea Weisberger argumentó que “parecería que Dios podría haber creado un mundo en el que los males no fueran tan terribles como lo son ahora” (Michael Martin, Cambridge Companion to Atheism), exponiendo el problema probatorio del mal como lo que realmente es: una cuestión de preferencia relativa que no depende de medidas objetivas de probabilidad, y que presupone un propósito diferente para este mundo (es decir, uno sin ningún sufrimiento objetivo). Si Dios creara un mundo con un poco menos de sufrimiento, o con un poco más de sufrimiento, ¿quién puede decir que Weisberger (o cualquier otra persona, para el caso) estaría satisfecha con esa nueva cantidad de sufrimiento “razonable” antes de cuestionar la sabiduría de Dios? De hecho, la propia subjetividad de la afirmación demuestra lo problemático del argumento probatorio; el hecho de que un porcentaje significativo de la población mundial sea capaz de conciliar la existencia de Dios con la del sufrimiento y de aceptar el teísmo ortodoxo, señala el extremo rango de subjetividad sobre el tema.
En su artículo “The Argument from Evil” (El argumento del mal), Weisberger subraya cómo parece que hay demasiado mal y que parece que Dios podría haber creado exactamente el mismo mundo con “al menos una cantidad menor” de la que se observa actualmente. De hecho, la autora se basa con frecuencia en las preferencias personales de lo que “parece” ser [objetivamente] correcto o incorrecto; ver a un niño morir de... enfermedad parece injustificado, una alarma sobrenatural de sexto sentido parecería más eficiente que el nivel actual de sufrimiento y parece que una probabilidad moderada de desastre [natural] sería suficiente en comparación con la cantidad actual. En última instancia, pues, lo que “parece” ser el caso es que las preferencias personales y la subjetividad traicionan una falsa suposición sobre la naturaleza de esta vida, la cantidad de sufrimiento que debería contener y el Conocimiento y la Sabiduría Divinos necesarios para evaluar una cantidad “razonable” de sufrimiento. A partir de ahí, Weisberger sugiere que la evidencia de la existencia de Dios junto al sufrimiento se basa en la pura fe, y que esta fe no tiene ninguna base racional a la luz de los horrendos males observados en el mundo. Dicho de otro modo, todo el argumento del mal de Weisberger se basa en preferencias personales de cantidades, no en realidades objetivas, y luego se establece una conclusión sobre estas débiles premisas. En su lugar, Weisberger debería haber argumentado de forma más transparente que la cantidad de sufrimiento siempre será subjetiva para los seres humanos, que no tenemos acceso al conocimiento y la sabiduría de Dios para comprender los millones de condiciones y elementos entrelazados del universo, y que la creencia en Dios es epistemológicamente racional y está justificada desde numerosas facetas, pero que ella personalmente no comprende del todo la sabiduría de Dios.
Además, cuanto más se estudia la Palabra de Dios, más sabiduría y tranquilidad se encuentra incrustada en cada una de sus partes y, como resultado, el ser humano se ve capacitado para cumplir adecuadamente el objetivo de la vida a la vez que comprende mejor por qué se produce el sufrimiento. A menudo, cuanto más se basa un ser humano en la Palabra de Al-lah, mayor es su comprensión del concepto del “mal” en su conjunto, más allá de la creencia general de que la sabiduría de Dios impregna Su creación y Su mandato. En este sentido, Ibn Taimia escribió que “cada vez que el siervo (de Al-lah) aumente su conocimiento y creencia, se le manifestará algo de la sabiduría y la misericordia de Dios que fascinará su intelecto”. Sin embargo, este estado solo se alcanza cuando se reconoce adecuadamente que Dios es Omnisapiente, Benevolente, Omnisciente y Omnipotente.
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