
¿Existe el mal objetivo?
Otra faceta de la discusión sobre el mal implica la pregunta: “¿Existe el mal objetivo?”. Afirmar que un suceso o una acción son objetivamente −es decir, de hecho− malos requiere una norma fáctica de lo que es bueno. Como dijo C. S. Lewis, “un hombre no llama a algo torcido excepto que tenga alguna idea de una línea recta”. ¿Qué es objetivamente bueno y qué es objetivamente malo? ¿Qué son la justicia y la injusticia? Si el ateo rechaza la existencia de Dios, entonces la moral objetiva −el bien y el mal− se rechaza simultáneamente. Por lo tanto, todos los sucesos y acciones son cuestiones de preferencia, no de hecho. Entonces, un relativista moral no puede llegar a un consenso con todos los demás relativistas morales sobre el bien y el mal objetivos. Lo que se puede alcanzar es un sistema moral que dependa en gran medida de los valores subjetivos de preferencia, una estructura que también dependa de la voz más alta, del grupo de presión más rico, de la tendencia social más tentadora y de los deseos personales, no de la objetividad. Si el relativismo moral es cierto, entonces el verdadero mal moral no puede existir porque el mal se vuelve relativo. La cuestión entonces es, si el ateo afirma que Dios no existe porque el mal objetivo existe, entonces el bien y el mal objetivos no pueden existir y, por lo tanto, el mal objetivo no existe, lo que contradice al primer punto. Dicho de otro modo: si el mal objetivo no existe, entonces de lo que se queja una persona con respecto a Dios es una cuestión de preferencia y deseo personal, no de un mal real. Desafortunadamente, lo contrario también sería cierto: si el mal objetivo no existe, entonces el bien objetivo no existe. En un mundo así, nada es verdaderamente bueno o digno de elogio. Por lo tanto, si un epistemólogo objetivo −ateo o teísta− cree en la existencia del mal objetivo (de ahí el “problema”), entonces se hace necesaria una solución teísta al problema del mal.
El problema del mal
Las dos formas principales del argumento del mal son la lógica y la probatoria. Como el problema lógico del mal ha sido refutado eficazmente en numerosas ocasiones, la mayor parte de este ensayo se centrará en el problema probatorio del mal.
El problema lógico del mal
El problema lógico del mal tiene que ver con la inconsistencia lógica que se percibe entre ciertas afirmaciones sobre el teísmo ortodoxo (Dios Omnipotente, Benevolente y Omnisciente) y ciertas afirmaciones sobre el mal. John L. Mackie, un filósofo australiano de la religión, resumió el problema lógico del mal de la siguiente manera:
En su forma más simple, el problema es el siguiente: Dios es Omnipotente; Dios es Benevolente y, sin embargo, el mal existe. Parece haber alguna contradicción entre estas tres proposiciones, de modo que si dos de ellas fueran verdaderas, la tercera sería falsa. Pero, al mismo tiempo, las tres son partes esenciales de la mayoría de las posiciones teológicas: el teólogo, al parecer, a la vez debe adherirse y no puede adherirse consistentemente a las tres (John Leslie Mackie, Evil and Omnipotence).
Del mismo modo, H. J. McCloskey argumentó que existe una contradicción para el teísta debido al hecho de que el mal coincide con su creencia en la omnipotencia y la perfección de Dios. En otras palabras, el problema lógico del mal afirma que hay pruebas concluyentes contra el teísmo ortodoxo; lo hacen sugiriendo que los teístas ortodoxos sostienen las siguientes proposiciones:
A. Dios existe;
B. Dios es Omnipotente (todopoderoso);
C. Dios es Omnisciente (todo lo sabe);
D. Dios es Benevolente (el más benevolente); y
E. El mal existe.
El problema lógico sugiere que las proposiciones A-D son creencias sostenidas por los teístas ortodoxos, pero también lo es la proposición E. Sin embargo, la incompatibilidad lógica entre estas cinco proposiciones no es explícita y, por lo tanto, los filósofos ateos ampliarán los tres atributos de Dios referidos en B-D como sigue:
F. Si Dios es Omnipotente, sería capaz de evitar todo el mal y el sufrimiento en el mundo.
G. Si Dios es Omnisciente, conocería todo el mal y el sufrimiento del mundo y sabría cómo eliminarlo o prevenirlo.
H. Si Dios es Benevolente, querría evitar todo el mal y el sufrimiento en el mundo (James R. Beebe, The Logical Problem of Evil).
En última instancia, el problema lógico argumenta que si las proposiciones F-H son verdaderas, entonces Dios no es omnipotente, omnisciente ni benevolente. Si tal proposición se mantiene, entonces contradice las proposiciones anteriores (A-D) sobre la existencia de un Dios Omnipotente, Omnisciente y Benevolente (es decir, el Dios del ateísmo ortodoxo). En otras palabras, la afirmación que se plantea es: “No es posible que Dios y el mal coexistan”.
Demostrar que tal afirmación es falsa no es difícil, ya que es lógicamente posible que Dios tenga una “razón moralmente válida” para permitir la existencia del mal. Si es lógicamente posible que Dios permita la existencia del mal por una razón moralmente válida, entonces se deduce que tal afirmación es falsa.
La cuestión de por qué Dios permite la existencia del sufrimiento es completamente diferente y requiere un estudio más largo en la versión probatoria del argumento. Si se demuestra que es meramente posible, entonces el problema lógico del mal queda refutado efectivamente. En 1974, Alvin Plantinga propuso la famosa “defensa del libre albedrío” en su argumento contra el problema lógico del mal (Alvin Plantinga, God, Freedom, and Evil: Basic Conditions of Life). Plantinga argumentó que Dios creó a las personas con un libre albedrío “moralmente significativo”, una facultad tremendamente valiosa que permite que ocurra tanto el mal como el bien, pero una facultad que podría decirse que tiene un grado mucho mayor de bien que de mal.
Aunque adquirió importancia durante la década de 1960, el problema lógico del mal es considerado inadecuado por la inmensa mayoría de los filósofos y teólogos de hoy . El filósofo ateo William Rowe, cuyos argumentos serán examinados en la versión probatoria del argumento, afirmó:
Algunos filósofos han sostenido que la existencia del mal es lógicamente inconsistente con la existencia de un Dios teísta. Nadie, creo, ha logrado establecer una afirmación tan extravagante. De hecho, admitiendo la incompatibilidad, existe un argumento bastante convincente para la opinión de que la existencia del mal es lógicamente consistente con la existencia del Dios teísta (William Rowe, The Problem of Evil and Some Varieties of Atheism).
Paul Draper en The Problem of Evil, escribió:
Para que un argumento lógico del mal tenga éxito, es necesario mostrar que, para algún hecho conocido sobre el mal, es lógicamente imposible que Dios tenga una buena razón moral para permitir que ese hecho se produzca. Sin embargo, esto es precisamente lo que la mayoría de los filósofos de hoy en día creen que no se puede demostrar.
Como el problema lógico del mal es uno que la mayoría de los filósofos ya no encuentran relevante o resistente, pasamos al problema probatorio del mal.
El problema probatorio del mal
El problema probatorio del mal, en su forma más popular, intenta demostrar que la existencia del mal −aunque pueda ser lógicamente consistente con la existencia de Dios− es racionalmente problemática para el teísmo. Los defensores de los argumentos probatorios opinan que la existencia del mal, en su enorme cantidad y formas horribles, proporciona una evidencia razonable de que el Dios del teísmo tradicional (probablemente) no existe”.
En su famoso argumento a favor del ateísmo, William Rowe se centra en ejemplos relevantes de intenso sufrimiento y “claros casos de maldad” para presentar su argumento probatorio del mal. Rowe expone su caso de la siguiente manera:
1. Existen casos de sufrimiento intenso que un ser omnipotente y omnisciente podría haber evitado, sin perder por ello algún bien mayor o permitir algún mal igualmente malo o peor.
2. Un ser omnipotente y benevolente evitaría la aparición de cualquier sufrimiento intenso, a menos que no pudiera evitarlo sin perder algún bien mayor o permitir algún mal igualmente malo o peor.
3. [Por lo tanto] No existe un ser omnipotente, omnisciente y benevolente.
Después de explorar las teodiceas y defensas islámicas, se volverá a examinar detenidamente el problema probatorio planteado por Rowe en sus argumentos originales y contemporáneos.
Teodiceas y defensas
Una respuesta teísta al problema probatorio del mal suele clasificarse como una teodicea o una defensa. En filosofía y teología, una teodicea es un argumento que proporciona una explicación muy creíble y quizás incluso probable de la existencia del mal con el permiso de Dios. El término “teodicea” fue utilizado en 1710 por el filósofo luterano alemán Gottfried Leibniz, tomado de las palabras griegas para “Dios” (theo) y “justicia”. Una defensa, en cambio, solo tiene que demostrar la compatibilidad lógica de Dios y el mal . Ya que hemos abordado el problema lógico del mal anteriormente, el resto del ensayo se limitará a las teodiceas.
La solución islámica al problema del mal
A pesar de las teodiceas bien establecidas que abordan el problema del mal con suficiencia, hay filósofos ateos que creen que “las soluciones definitivas al problema del mal siguen siendo esquivas” , una afirmación que delata la ignorancia de sus autores. Por lo tanto, lo que sigue es la solución islámica de múltiples perspectivas al problema del mal, un enfoque que aborda los atributos de Dios, el papel epistémico del Corán, las limitaciones de la perspectiva humana, la naturaleza de esta vida y sus pruebas, el acto de confiar en Dios más que en uno mismo, la necesidad del libre albedrío, el significado de la recompensa eterna y varias teodiceas dentro de la teología islámica.
Continúa...