Las alabanzas sean para Al-lah, Señor y Creador del universo, y que Su paz y Sus bendiciones sean con el Profeta Muhammad, con todos sus familiares y todos sus discípulos.
Le pedimos a Al-lah, el Altísimo, que expanda tu pecho hacia el arrepentimiento y que te conceda la sinceridad para volverte hacia Él.
Debes saber que el dolor, el arrepentimiento y el miedo al pecado que sientes son señales de que hay bien en ti, y una prueba de que tu corazón no ha muerto, sino que hay vida y fe (Iman) en él. Un corazón muerto no sufre por el pecado ni anhela arrepentirse. La desesperanza en la misericordia de Al-lah y dudar de que Él aceptará el arrepentimiento son de las cosas más peligrosas que Satanás siembra en el corazón del siervo para alejarlo de regresar a su Señor.
En cuanto a los dos versículos que mencionaste, no debes usarlos como una sentencia definitiva sobre ti misma. Las palabras del Altísimo: "¿Acaso no has visto a quien ha tomado a sus pasiones por divinidad? Al-lah, con Su conocimiento infinito, lo extravió, selló sus oídos y su corazón, y puso un velo sobre su visión. ¿Quién podrá guiarlo fuera de Al-lah? ¿Acaso no van a reflexionar?" [Corán 45:23], hablan de alguien que se ha rendido completamente a sus pasiones, se complace en ellas y las sigue ciegamente. En cambio, quien cae en el pecado pero lo detesta, siente remordimiento, tristeza y dolor, e intenta arrepentirse una y otra vez, no entra en esta categoría; la diferencia entre ambos es evidente.
Y respecto a Sus palabras: "¡Ay de todo mentiroso, pecador! Escucha los versículos de Al-lah que se le recitan, pero se obstina en su soberbia como si no los hubiera escuchado. A él anúnciale un castigo doloroso" [Corán 45:7-8]; la obstinación acompañada de soberbia es muy distinta a la recaída constante causada por debilidad y arrepentimiento. Quien escucha los versículos y persiste por orgullo y rechazo, no es igual a quien los escucha y su corazón se estremece de miedo y dolor. El siervo que peca, luego se arrepiente, luego vuelve a pecar y vuelve a arrepentirse, siempre y cuando sienta remordimiento y no considere que el pecado es algo lícito, entra en las palabras del profeta (Muhammad, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): "Todos los hijos de Adán cometen errores, y los mejores de los que se equivocan son los que se arrepienten constantemente". Relatado por Al-Tirmizi y clasificado como Hasan (bueno) por Al-Albani.
Se ha confirmado en la tradición auténtica (Sahih) que si un siervo peca, luego pide perdón y se arrepiente, Al-lah acepta su arrepentimiento, incluso si recae en el pecado repetidas veces, siempre y cuando, cada vez que caiga, regrese arrepentido y pidiendo perdón. No se exige que la persona que se arrepiente sea infalible o inmune a las caídas; lo que se exige es que sea sincera en su retorno, que luche contra sí misma, que deteste el pecado y que tome las medidas prácticas que le ayuden a dejarlo.
Sin embargo, es importante aclarar que el arrepentimiento sincero (Tawba Nasuh) no es solo llanto o una intención pasajera; implica abandonar el pecado, sentir un profundo arrepentimiento por haberlo cometido, tener la firme resolución de no volver a él, y esforzarse por tomar las medidas que impidan caer nuevamente. Si el pecado se repite por una causa específica —como estar a solas (Jalwa), el tiempo libre, las malas compañías o el entorno—, es obligatorio cortar de raíz esa causa o reducirla al máximo posible. Porque quien lucha contra sí mismo dejando abiertas las puertas de la tentación (Fitna), está a punto de ser derrotado.
Algo que te ayudará en esto es reemplazar el pecado por un acto de obediencia (Ta'a): el alma no abandona algo a menos que sea por otra cosa. Si dejas el pecado pero no ocupas tu alma con una alternativa lícita (Mubah) que satisfaga su necesidad, volverá a él. Así que ocupa tu tiempo con la oración (Sala), recordando a Al-lah (Zikr), buscando buenas compañías o realizando actividades lícitas.
Entre los métodos prácticos está: retrasar la respuesta en el momento de debilidad. Por lo general, la intensidad del deseo no dura más que unos minutos; si la sientes, pospónla unos minutos, levántate, haz la ablución (Wudu) y reza dos unidades de oración (Rak'atayn), o sal del lugar en el que te encuentras; en la mayoría de los casos, el deseo desaparecerá.
Por lo tanto, debes combinar dos cosas: La primera: Tener una buena opinión de Al-lah, no desesperar de Su misericordia, y arrepentirte frecuentemente cada vez que caigas en el pecado, incluso si eso se repite muchas veces. La segunda: Tomar medidas prácticas, como evitar los lugares de tentación, cerrar las puertas que te llevan al pecado, rodearte de mujeres rectas, y aumentar el recuerdo de Al-lah (Zikr), la oración, la lectura del Corán y las súplicas sinceras para que Al-lah te mantenga firme y aleje de ti el mal y la inmoralidad.
No esperes a sentir una emoción perfecta o a tener una voluntad de hierro para empezar a arrepentirte. Toma la iniciativa con el arrepentimiento y la acción, pues quien es sincero con Al-lah, Al-lah es sincero con él y lo ayuda. Y quien se dirige a Él con el corazón quebrantado —aunque sea débil—, Al-lah le abrirá puertas de ayuda que ni siquiera se imaginaba.
Para mayor beneficio, te invito a revisar las fatwas: 465961 y 472657.
Y Al-lah sabe más.