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¿De quién es la crisis?

¿De quién es la crisis?
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Los medios de comunicación presentan las dimensiones de nuestros inminentes desastres medioambientales como un resultado “natural” de un sistema de vida humana ahora tan “avanzado” que es irremediablemente intrincado, complejo e imparable. Esto no es ningún accidente. Este mensaje debería hacernos arrojar nuestras armas y preguntar: ¿Cómo puede una persona común, como yo, funcionar o trabajar fuera del sistema?

 
Sin embargo, esta pregunta nos habla de un problema más profundo. Existimos en tal estado de desconexión –con la creación, con los demás, con lo sagrado, con Dios– que equivocadamente percibimos el sistema como separado de nosotros mismos; de hecho, nos vemos a nosotros mismos como existiendo ya sea fuera de él o entrando y saliendo a voluntad; hemos llegado a ver al sistema como un Leviatán inevitable de la historia, nos sometemos a la noción de que el poder le pertenece al sistema casi de forma metafísica, y que estamos tan espiritualmente separados y emocionalmente desviados del sistema que no existe nada que se pueda o deba hacer para cambiarlo. Por el contrario, incluso si los musulmanes cada vez más nos decimos unos a otros que podemos doblegar el sistema, a través de un hábil activismo político, en pro de nuestros intereses, si somos “inteligentes” como otros lo han sido.
 
Esto es más que una tontería. Es delirante. La verdad es que nosotros, los musulmanes, nosotros los seres humanos, estamos ahora profundamente sumergidos en nuestras desconexiones, casi totalmente desasociados de lo sagrado, desorientados sobre nuestra misión en el mundo, desentendidos de los huérfanos y las viudas de las guerras, separados de los pobres, y alejados de nuestro divinamente designado vicariato sobre la tierra, el mar y el aire, y la vida y las formas que ellos albergan. Los versos coránicos y las declaraciones proféticas detallan las responsabilidades del ser humano –no como un desunido activismo barato, sino como una rica creencia integradora– como un vicario de Al-lah en la tierra, son demasiado numerosos como para nombrarlos todos aquí. Pero incluso ahora está siendo más ampliamente percibido por aquellos que tienen el valor de su conocimiento.
 
“El materialismo y el reduccionismo generan la idea de que los seres humanos están desconectados de, y por encima, de la naturaleza”, dice Bruce Lipton, escritor y biólogo celular. Déjame susurrar la horrible realidad en tus oídos: Eso es cierto. Hemos sido reducidos y desconectados, así como el espíritu de esta época ha reducido y desconectado todas las cosas de sus naturalezas (léase, Fitrah) y propósitos – separando lo que Al-lah, el único creador, Ha unido, el resultado de ello es que nos hemos convertido en cómplices en profanar el planeta – un crimen que, según el Corán, nos convierte en perdedores. El Corán dice sobre los impíos (lo que se interpreta en español): {Aquellos que no cumplen con el pacto establecido con Al-lah luego de haberlo celebrado, rompen los lazos familiares que Al-lah Ordenó respetar y corrompen en la Tierra. Ésos son los perdedores.} [Corán 2:27] Qué flagrante ofensa es nuestra aceptación de esta división que profana la tierra. {Conságrate [¡Oh, Muhammad!] al monoteísmo, que ello es la inclinación natural con la que Al-lah Creó a los hombres. La religión de Al-lah es inalterable y ésta es la forma de adoración verdadera, pero la mayoría de los hombres lo ignoran.} [Corán 30:30] Este no es nada más que el plan de Satanás contra el ser humano, hacer que separemos la creación de su carácter sagrado, y así separarnos a nosotros mismos de las bendiciones de Al-lah en todas las cosas. Satanás juró: {Y les desviaré, les daré falsas esperanzas, les ordenaré que hiendan las orejas del ganado [marcándolas como ofrenda para falsas deidades] y que alteren la creación de Al-lah. Quien tome a Satanás como amigo en lugar de Al-lah estará evidentemente perdido.} [Corán 4:119]
 
Es hora de llamar por su nombre a este intento masivo por cambiar la naturaleza sagrada de la creación de Al-lah y de separar al hombre de su propio espíritu: ¡secularismo! Esta es la raíz de nuestra crisis moral, la causa implícita que está destruyendo el medioambiente, después de haber tenido éxito en anularnos…sí, me refiero a los musulmanes.
 
Sin embargo, es la bendición de Al-lah, que la sociedad no es una masa sólida, separada (nosotros tampoco lo somos, dicen los físicos). El educador Paulo Freire describe al pensador crítico como alguien que “percibe la realidad como un proceso, una transformación, en vez de una entidad estática… alguien que no separa [sus] pensamientos de [sus] acciones… sin temor a los riesgos que implique… [para] la continua transformación de la realidad en nombre de la continua humanización del hombre”. Pero el Corán agrega a este estado de constante despliegue de nuestro intelecto y acción en el mundo, una visión global de la verdadera realidad, la Otra Vida, y las implicaciones de nuestra humanización final allí, ante Al-lah, en el Paraíso.
 
En lo que respecta a cuánto podamos trabajar fuera del sistema, la respuesta requiere un cambio de paradigma: trabajar sobre nosotros mismos es trabajar “fuera” del “sistema”. Una vez que comprendamos los problemas como sistémicos, debemos admitir lo obvio: hemos visto el sistema, ¡y somos nosotros! Juntos, nosotros somos el sistema. Por lo tanto, cambiarnos a nosotros mismos es cambiar el sistema. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {…Sabed que Al-lah no Cambia las gracias que Concedió a un pueblo, mientras ellos no cambien lo que hay en sí mismos…} [Corán 13:11]
 
Es una señal divina el hecho de que las mejores personas después de los profetas, los Sahabah, o los Compañeros del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, no estuvieron a salvo de las críticas ni fueron infalibles y no siempre tomaron decisiones acertadas; sin embargo, una civilización justa, sin precedente en los registros de la historia, se desarrolló en sus manos: porque ellos siguieron esta orden divina de cambiar lo que había en sus corazones, y porque en su interior replantearon sus intenciones con impecable sinceridad. Por lo tanto, a pesar de sus errores e imperfecciones, Al-lah, como lo Prometió –y aún lo Promete– cambió su entorno, les Dio la victoria hasta que el Islam esparció su sensatez, su seguridad y fecundó la misericordia alrededor del mundo.

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