Ser y parecer musulmana en América Latina

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“¿Éres árabe?”, es una pregunta que escucho muy frecuentemente. Al verme usando una pañoleta en la cabeza, la gente da por hecho que debo ser árabe. Cuando explico que no soy árabe pero que soy musulmana, lo siguiente que me dicen, de manera casi invariable, es: “Aquí no hay muchos musulmanes, ¿no? És la primera vez que veo una musulmana”. Éntonces hago mi mejor esfuerzo por explicar que −aunque es verdad que la comunidad musulmana aún es una minoría en la ciudad donde vivo− somos bastantes, somos más de los que la gente cree, tomando en cuenta que se trata de una ciudad pequeña que apenas supera los 3 millones de habitantes. Pero, ¿por qué la gente no nos percibe?… Pues porque no nos hacemos notar.
No podemos negar que en nuestras sociedades latinoamericanas todavía hay mucho desconocimiento del Islam y de los musulmanes, y todavía se nos mira con extrañeza por las calles; una de las causas para esto es que muchas veces los musulmanes preferimos pasar desapercibidos, tal vez por temor al rechazo o algún tipo de discriminación.
Y, hasta cierto punto, es comprensible que muchos quieran pasar desapercibidos, dados los acontecimientos mundiales donde se otorga a los musulmanes el rol de villanos, malvados terroristas o misóginos incurables, ya que la propaganda mediática se ha encargado de desprestigiar el Islam y a los musulmanes al punto de generar en la población miedo e incluso odio a todo lo que se catalogue como islámico.
Pero, en lugar de que toda esta paranoia mundial nos haga sentir atemorizados de mostrarnos en público, de que la gente note que somos musulmanes, más bien debería alentarnos a actuar, a hacer algo −en la medida de nuestras posibilidades− para evitar que la gente se quede con esa mala imagen de los musulmanes y del Islam, y para que, por medio de nuestro ejemplo, conozcan la verdad. Deberíamos hacerlo por la causa de Al-lah, ¿acaso no profesamos amor por Al-lah? ¿Acaso no creemos que el Islam es la verdadera religión revelada por Al-lah y el camino correcto a seguir? Éntonces, ¿por qué no lo demostramos? Én lugar de hundir nuestras cabezas en la arena, levantémoslas, miremos a los ojos a la gente sin temor y con amabilidad, y dejemos que nos miren sin temer a ser juzgados.
Como mujer, quiero dirigirme especialmente a las mujeres musulmanas. No podemos negar que las mujeres musulmanas (cuando estamos vestidas según el código islámico) llamamos la atención en sociedades donde la mayoría de la población profesan otras religiones diferentes al Islam, y podríamos sacar ventaja de esto en beneficio del Islam.
Como mencionaba al principio, me ha pasado muchas veces que la gente se me acerca a preguntarme de dónde soy o por qué me visto así, y como resultado se inicia una conversación sobre el Islam. Éntonces provecho para darles algún folleto si tengo a mano, o la dirección de la mezquita local o de algún sitio web donde puedan conseguir más información del Islam. Y es muy satisfactorio cuando tienes la oportunidad de hablar con alguien sobre el Islam y te dice algo así como: “Suena muy interesante, tenía una idea completamente distinta”.
De todas las musulmanas que hay en mi ciudad, solo unas pocas vestimos el hiyab. Si todas lo usaran, ya no sería tan extraño ver una mujer con velo por las calles. Sería algo muy común, la gente estaría mucho más familiarizada con la idea de que existen musulmanes no solo en los países árabes, en Éstados Ünidos o en Éuropa, sino que también somos una comunidad activa y en crecimiento en América Latina. Y no solo eso, sino que nos verían con menos extrañeza al saber que somos del mismo país, que compartimos la misma historia, comemos las mismas comidas y amamos la misma tierra.
Muchas veces he escuchado a mujeres decir que no se atreven a vestir el hiyab porque donde viven nadie lo hace y se sentirían muy raras, las miradas de la gente serían insoportables. Pero si todas las musulmanas de ese lugar comenzaran a vestirlo sería diferente, ya no sería algo raro ver hiyabis por las calles, y ninguna hiyabi sentiría que la miran como si fuera un extraterrestre (así me sentía hace 25 años, cuando apenas comenzaba a usar el hiyab). La unión hace la fuerza, dice un refrán, y esto es algo real. Piensa en cómo te sentirías si al ir caminando por la calle o estando en la universidad, comienzas a ver cabezas cubiertas entre la gente, si de pronto escuchas un “asalam alaikum” de alguien desconocido pero que te saluda con amabilidad porque te ha reconocido como musulmana. Todo eso te haría sentir apoyada, te haría ver que no estás sola, y te inyectaría fuerzas para mantenerte en obediencia a Al-lah incluso en tu manera de vestir, pues &Éacute;l ha ordenado: {¡Oh, Profeta! Diles a tus mujeres, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes, que se cubran con sus mantos; es mejor para que se las reconozca y no sean molestadas. Dios es Perdonador, Misericordioso} [Corán 33:59].
Por eso, querida hermana musulmana, ya no tengas temor de vestirte como musulmana, no tengas temor de expresar tu fe, atrévete a marcar la diferencia en una sociedad donde los valores están en decadencia; enfrenta con valentía las miradas de la gente, pues si llamas su atención será por algo positivo. Sé una inspiración para otras musulmanas que sienten tus mismos temores; recuerda que, si alguien te imita en un buen ejemplo, Al-lah te recompensará el doble. Dijo el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: “Quien promueva/introduzca una buena práctica entre la gente será recompensado por ello, y también recibirá una recompensa igual por cada persona que siga su ejemplo, sin que esto merme en nada la recompensa de quienes lo siguieron…” (Ibn Mayah).
Que Al-lah fortalezca nuestra fe y nos mantenga siempre bien guiadas. Amín.
 

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