La confianza en la dotación de Al-lah - I

La confianza en la dotación de Al-lah - I
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Un consejo invaluable
 
Un hombre vino al Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, y le dijo: “Oh Mensajero de Al-lah, aconséjame y sé breve”; es decir, “dame un consejo simple y claro que sea fácil de entender”. El Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, podía decir la situación en que se encontraba una persona con tan sólo verle la cara, así que le dijo: “Abstente de andar pidiendo a los demás, pues sólo así serás verdaderamente rico. Y no seas codicioso, pues la codicia es la verdadera pobreza. Y realiza tus oraciones, como si fueras a morir pronto”.
 
Analicemos ahora los tres consejos que el Mensajero de Al-lah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dio a este hombre y a todos los creyentes.
 
“No andes pidiendo a los demás…”
 
El primer consejo del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, fue: “Abstente de andar pidiendo a los demás, pues sólo así serás verdaderamente rico”. Cuando la persona sólo anda pensando en lo que le pueden dar los demás, en lo que le puede pedir a  los demás, se olvida de lo que puede ganar con sus propias manos. Así, quien sólo está esperando la ayuda de la gente, depende y se confía en los regalos y limosnas de los demás y no se esfuerza en ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente. El Islam es la religión de la autoestima y el orgullo propio, y le enseña al hombre a no depender de las limosnas y regalos de los demás. De aquí que el Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dijera sabiamente: “No hay alimento más bueno que el que uno consigue con el esfuerzo de sus manos. Y por cierto que el Profeta David comía de lo que ganaba trabajando”. El Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, mencionó a David, la paz sea con él, como ejemplo, porque David era un rey y aún así comía de su trabajo. El Islam ordena a los musulmanes ser autosuficientes y productivos, que trabajen y se ganen el sustento propio y el de su familia, y que no ande esperando la limosna de los demás. Uno de los sabios del Islam se encontraba dando un sermón a la gente y les dijo: “Yo honro a mi persona”. Tiempo después, unas personas que habían asistido a su sermón lo vieron recolectando basura, pues se ganaba la vida trabajando de basurero, limpiando la ciudad. Entonces, una de las personas le dijo: “Recuerdo que dijiste que honrabas a tu persona, y mírate aquí, recogiendo la basura”. El sabio le respondió: “Lo que dije es verdad. Me honro a mí mismo trabajando para así no tener que pedirle nada a gente como tú”.
 
El trabajo dignifica
 
Algunas personas piensan que trabajar es algo humillante y dicen, vanidosamente: “¿Yo voy a trabajar haciendo esto o eso?”; o dicen: “Este trabajo no es para alguien importante como yo”. ¡¿Qué es peor: trabajar de lo que sea, o andar pidiendo a la gente?! Lamentablemente, muchos de los musulmanes hoy en día, no consideran el andar pidiendo limosna de la gente como algo bajo y humillante; sino que lo ven como un derecho que les corresponde. Así, los versos del Sagrado Corán que más les gustan son aquellos que hablan del Zakat, de las bondades, de la generosidad y la limosna; pero no les gusta leer los versos que alientan e invitan a trabajar. Dentro de la propuesta del Islam para solucionar el problema de la pobreza, se da prioridad a trabajar sobre recibir el Zakat. Así, Al-lah ha ordenado que todos los musulmanes deben trabajar para ganarse el pan de cada día, sea poco lo que gane o mucho, lo importante es que sea un trabajo Halal (permitido por Al-lah). La persona debe esforzarse por encontrar trabajo antes de ponerse a esperar el Zakat. El Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, nos enseña en este hadiz, y en muchos otros, que el creyente debe abstenerse de andar pidiendo a la gente; y nos advirtió claramente que a quien prefiere andar mendigando a trabajar, Al-lah lo condenará a mendigar constantemente y a vivir una vida de humillación. Por esto, Al-lah ha hecho de la autoestima y el orgullo, una de las principales características del musulmán. No es de extrañarse, entonces, que cuando un hombre vino al Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, pidiéndole que le diera una limosna, él le enseñara una manera de ganarse la vida, diciéndole: “Ve y recoge leña y luego véndela. Gánate la vida con el esfuerzo de tus manos, eso es mejor para ti que andar pidiéndole a la gente, no importa si esta te da o no te da”.
 
También fue relatado que un grupo de gente de los musulmanes pidió algo al Mensajero de Al-lah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, y él les dio. Luego le pidieron más y él les dio; luego le pidieron más y él les dio hasta que se terminó lo que tenía. Luego dijo: “Si tuviera algún bien no se los ocultaría. Al-lah da contento a quien se abstiene de mendigar. A quien trata de ser autosuficiente, Al-lah lo hace autosuficiente. Y a quien persevera, Al-lah le da paciencia. Nadie recibe una bendición mejor y más amplia que la paciencia ”.
 
Abu Huraira, que Al-lah esté complacido con él, relató que el Mensajero de Al-lah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “¡Por Aquel que tiene mi alma en Su mano! Tomar una cuerda y salir a recoger leña sobre su espalda (para venderla) es mejor para uno que ir y mendigar a alguien, sin importar si le da o no”.
 
Az-Zubayr bin Al ‘Awwam relató que el Mensajero de Al-lah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “Conseguir una cuerda para cargar leña sobre su espalda y venderla, para que Al-lah salve su rostro del Infierno, es mejor para uno que pedir a la gente, sin importar si le dan o no”.
 
Hakim bin Hizam, un discípulo del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “Cierta vez pedí algo al Mensajero de Allah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, y me dio. Le pedí nuevamente y me dio. Le pedí nuevamente y me dio. Luego me dijo: ‘¡Hakim! Estos bienes son como una fruta dulce. Quien la toma sin avaricia es bendecido por ella, y quien la toma con avaricia no es bendecido por ella, y será como el que come y no se satisface. La mano de arriba (que da) es mejor que la de abajo (que recibe)’”. Hakim añadió: “¡Mensajero de Allah! ¡Por El que te mandó con la verdad! Nunca más pediré nada a nadie después de ti ¡Hasta que muera!”.

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