Umm Sulaim, una mujer ejemplar

Umm Sulaim, una mujer ejemplar
  • Fecha de publicación:01/12/2010
  • Sección:Las Sahabas
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Umm Sulaim solía viajar cuando el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, viajaba. El dijo: “Cuando ella dé a luz, traedme el niño”, una vez que estaba de viaje y Umm Sulaim estaba entre los que lo acompañaban.

 
Cuando el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, regresaba de viaje por la noche a Medina, se quedaba en las afueras hasta el amanecer (para no incomodar a la gente y dar tiempo a las esposas para que se preparen para dar la bienvenida a sus esposos).
 
Cuando el grupo llegó a las afueras de Medina y sus labores de parto iniciaron, Abu Talhah se quedó con ella y el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, siguió la marcha. Abu Talhah entonces dijo: “¡Oh Al-lah! Tú Sabes que a mí me gusta partir cuando el Mensajero de Al-lah parte y volver cuando el Mensajero de Al-lah vuelve. Pero he sido retenido como Ves”. Entonces Umm Sulaim dijo: “Abu Talhah ya no siento los dolores como al principio” (se dice que este fue uno de sus milagros, que se le suspendieron los dolores para poder alcanzar al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam).
Así fue que prosiguieron la marcha y, después de haber llegado a Medina, sus labores de parto empezaron de nuevo y dio a luz a un niño. Ella le dijo a su hijo Anas: “Anas, no le daré nada de comer hasta que lo lleves en la mañana al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam”, y mandó unos dátiles con él (esto porque quería que lo primero que entre en la boca del niño sea comida de la boca del mismo Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam; aquí hay otra señal de su gran fe, puesto que una mujer se apresura a que su hijo se alimente tras que nace).

El niño lloró toda la noche y yo (Anas sigue siendo el narrador de esta historia) me quedé toda la noche cuidándolo. En la mañana lo llevé al Mensajero de Al-lah
, sallallahu ‘alayhi wa sallam, que estaba usando su burdah (una especie de capa) y estaba marcando los animales que se le habían entregado (los de la sadaqah para que no se mezclen y se confundan con los demás). Cuando lo vio le dijo: “¿Ya dio a luz la madre de Milhan (Umm Sulaim)?” y Anas dijo: “Sí”. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, le dijo: “Estaré contigo en un minuto”, dejó la herramienta que tenía en su mano (para marcar los animales) y tomó al niño en sus brazos. Entonces dijo: “¿Tienes algo para él?” y Anas dijo: “Sí, dátiles“. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, tomó algunos de los dátiles, los masticó y los mezcló con algo de su saliva (y la saliva del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, es bendita por Al-lah). Entonces abrió la boca del bebé y le puso algo de los dátiles, frotándoselos en el interior de su boca (esto es llamado Tahnik y es una costumbre musulmana para los recién nacidos).
 
El niño empezó a lamerse los labios y sentir el dulce de los dátiles y la saliva del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam. Así pues, lo primero que entró al estómago de este niño estaba mezclado con la saliva del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, quien dijo: “Mirad lo mucho que los ansaríes aman el dátil”. Yo (Anas) dije: “Mensajero de Al-lah, dale un nombre”. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, pasó su mano por su rostro y lo llamó ‘Abdul-lah. No hubo ningún hombre mayor que él entre los ansaríes. Creció y tuvo muchos hijos y murió como un mártir en Persia (durante la liberación de Persia debido a la plegaria del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam).

Este relato ha sido citado por Al Bujari, Ahmad, At-Taialisi. Esta versión fue tomada de At-Taialisi y otros. Al Albani reunió todas sus cadenas de transmisión en su Ahkam ul Yanaiz, p. 20.
 
Esta es la historia de una mujer musulmana entre los Sahabah del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam. Hay muchas otras historias que muestran el efecto que el Islam tuvo en los corazones de las mujeres musulmanas y de cómo la religión musulmana dio sus frutos de buenas obras y vidas ejemplares. En esto hay suficiente para convencer al buscador de la verdad sobre cuál religión debe seguir. Léala nuevamente y piense en ella, puede que tome el paso más importante de su vida.

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