Reflexiones sobre el trabajo y la mujer musulmana

Reflexiones sobre el trabajo y la mujer musulmana
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Cuando una hermana en la fe supo que yo trabajaba, me dijo: “¡¿Cómo?, ¿trabajas?, pero tú eres una musulmana practicante!”; le pregunté que a qué se refería, ella me respondió: “El trabajo hará que sacrifiques a tu familia y el tiempo que tienes que dedicarle a ella; además, recuerda que el Islam ordena que la mujer permanezca en su casa, así que si quieres lo mejor para ti y tu familia, recuerda y aplica lo que Al-lah Dice (palabras que se interpretan en español) : {Y mejor permaneced en vuestras casas…}” [Corán 33:33] Le dije: “Tienes toda la razón, ¿pero cuál es el problema de trabajar si una como musulmana se apega y cumple con las normas establecidas por la Shari’ah, ha llegado a un acuerdo con su esposo y cumple con sus responsabilidades hacia su familia?”

La hermana guardó silencio ante mi argumento, pero en su rostro se notaba que no estaba convencida. Al igual que ella, muchas otras hermanas musulmanas sinceras y practicantes tienen un concepto acerca del trabajo de las musulmanas bastante estrecho y parcial; por ello, sólo ven las cosas negativas, tal como lo mencionaba la amiga con la que conversaba. Ella veía que el trabajo es un motivo para descuidar los deberes de esposa y madre; sin embargo, yo, como musulmana que soy y trabajadora, tengo un punto de vista diferente, el cual algunos apoyarán y otros rechazarán.
Si analizamos lo positivo del trabajo de la musulmana practicante de su religión y cuidadosa de las órdenes y recomendaciones de la Shari’ah, encontraremos varios puntos a favor, veamos:
1.      El aprovechamiento de la profesión que muchas mujeres musulmanas han alcanzado, con gran esfuerzo de su parte, en los diferentes campos y saberes.
2.      El hecho de que una mujer musulmana reciba un sueldo significa que ella utilizará una parte de este dinero para obras de caridad y de bien, lo que será utilizado por las organizaciones benéficas para hacer frente a la pobreza en varios países islámicos.
3.      El lugar de trabajo es un campo fértil para hacer Da’wah (invitar a la gente al Islam); no hablándoles directamente, sino que a través de su comportamiento y seguimiento estricto de las ordenanzas islámicas, en especial en el trabajo. Su ejemplo definitivamente influenciará en las demás mujeres que la rodean; si no son practicantes firmes del Islam, tendrán un motivo de reflexión para cambiar su actitud, e igualmente pasará con las no musulmanas, quienes verán la cara real de la moneda, es decir, el Islam como tal, pues el mejor camino que puede seguir una persona que quiere hacer Da’wah es comportándose como un verdadero musulmán. Además, puede llevar consigo folletos y libritos que puede repartir entre la gente.
4.      Una de las profesiones que necesitan más de la mujer, porque su naturaleza está predispuesta para ello, es la educación. Esta noble profesión es una fuente de gran recompensa y bendiciones, y es un medio para que ella pueda sembrar en sus estudiantes y compañeras de trabajo el amor por su religión, el sentido de pertenencia hacia la nación islámica, y la responsabilidad ante las órdenes y prohibiciones de Al-lah.
Me gustaría también dirigir unas palabras a todas aquellas hermanas que durante la época de estudios universitarios se dedicaban con entusiasmo a la Da’wah (gracias a Al-lah, una de ellas fue la que me hizo pensar respecto a mi religiosidad y el grado de compromiso que yo tenía con mis deberes como musulmana; por esta razón es que hoy en día me apego a las enseñanzas del Islam al máximo posible), pero luego de haber terminado la carrera o contraído matrimonio sus actividades en la Da´wah quedan atrás. Les pregunto a todas ellas: ¿Qué pasó?, ¿por qué dejaron la Da’wah?, ¿por qué no siguen su labor pidiendo el apoyo de Al-lah y luego el de sus esposos? Hay muchas mujeres y jóvenes que tienen una necesidad indescriptible del conocimiento y las actividades que ustedes tienen y realizaban. El campo que ustedes abandonaron ha sido ocupado por los que llaman al secularismo y el abandono de la práctica de todo lo que es el Islam, valiéndose de mujeres que han adiestrado para tal fin; ustedes son las únicas que pueden hacer frente a todo ese embalaje antiislámico que han creado y que está influenciando a tantas mujeres.
Todo musulmán debería instar a su esposa a que se ponga al frente de su deber en la Da’wah para contrarrestar los efectos devastadores del secularismo, en especial en la personalidad de la mujer musulmana. Hermano en el Islam, recuerda que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, siendo quien era, ayudaba a sus esposas en las labores diarias del hogar; y ellas, al mismo tiempo, lo colaboraban en la divulgación del Islam entre las mujeres…

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