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Quitando las dudas del corazón

Quitando las dudas del corazón

No hay duda de que tú crees en Al-lah, el Creador del universo, y crees que Él es Quien te creó y de dio forma, y crees en el Día Final, y amas al Islam, y ensalzas la religión; pero, de seguro tienes algunas preguntas que surgen en tu corazón.
Preguntas como esta: “¿Es suficiente con que crea y tenga respeto por la religión?” O, “mi conducta es buena, gracias a Al-lah, y mi relación con la gente es buena; entonces, ¿qué necesidad hay de que rece 5 veces al día y realice el wudu’ también 5 veces?” O, “¿por qué debería seguir practicando si mi corazón está completamente satisfecho? ¿A caso todo esto limita la libertad individual? ¿Tiene que reflejarse mi estado interno en acciones físicas que todos puedan ver?”
Estas son preguntas problemáticas para tu alma. Pero, reflexiona: ¿no ha limitado el Islam las libertades individuales en las transacciones financieras? Considera, por ejemplo, la prohibición de los intereses y el engaño; y, ¿no ha limitado el Islam la libertad y la conducta individual en temas de sexo, para así dar al hombre responsable libertad positiva dentro de la institución del matrimonio? ¿No debería esto ser considerado como más que una restricción directa, para que el foco de la presión psicológica, contenida de este modo, pueda estimular una inversión en la energía del hombre, para que así pueda usar su poder de forma adecuada para él y para su naturaleza?
Ciertamente, la creencia en Al-lah causará que nos concentremos mucho en adorarlo, amarlo y volvernos a Él. ¿A caso esto no implica que el volvernos a Al-lah y amarlo necesita una forma de articulación? Esa articulación es la oración. En la oración, las buenas intenciones no son suficientes; debe existir unidad entre lo exterior y lo interior en la persona, para que todas sus capacidades intelectuales puedan ser adornos del interior y del exterior… ¿no nos lleva esto a ser amados por Al-lah?
Supongamos que alguien dice: “Estoy pensando en la grandeza de Al-lah y Su bondad, y Lo aprecio, y siempre Lo recuerdo”; ¿puede un ser humano continuar siempre de este modo? Y, ¿acaso esta situación de recordar y pensar en la grandeza del Creador y Sus magníficos atributos no puede producir sus propios frutos, resultando en esas indicaciones de cambio físico?
La oración nos limpia y nos purifica. Quien mantiene una relación con Al-lah desde la mañana hasta la noche se mantendrá alejado del mal. Somos como árboles que necesitan regarse periódicamente; pero si el riego cesa, se marchitará y se secará.

Considera la oración en grupo en la mezquita, ¿acaso no pone a todos en igualdad en frente del Creador? Los hace iguales ante los ojos de Al-lah, Glorificado sea. Además, la oración permite que se establezcan relaciones, apoya la vida social y ayuda a que la gente no se sienta como extraños sin importar dónde estén. Esta importante reunión en la mezquita es una forma de luchar contra Satanás, el enemigo de toda la humanidad.

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