Viviendo con nuestros parientes (Parte 2)

Viviendo con nuestros parientes (Parte 2)
  • Fecha de publicación:01/01/2012
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Privacidad

Surgirán problemas de privacidad. Entre nosotros hay hermanas cuyas suegras, en su curiosidad excesiva, han revisado todos sus artículos personales, incluyendo sus artículos de tocador y estas cosas suceden más a menudo de lo que creemos. Desde el primer momento tenemos que establecer orden e imponer algunas reglas en la casa en cuestiones de privacidad, de lo contrario lo lamentaremos más tarde. Podemos estar seguros de que es nuestro derecho tener áreas personales y privadas en nuestro hogar, y lo que es más: es nuestro derecho islámico gozar de un tiempo a solas con nuestro cónyuge sin que nadie nos interrumpa.
 
Al-lah Ha Señalado claramente que existen ciertas horas del día en que una pareja debería estar a solas (lo que se interpreta en español): {¡Oh, creyentes! Que vuestros esclavos y vuestros hijos que todavía no han alcanzado la pubertad os pidan permiso [para ingresar a vuestras alcobas] antes de la oración del alba, a la siesta, cuando os quitáis la ropa [para descansar], y después de la oración de la noche, pues éstos son tres momentos de intimidad para vosotros. Fuera de ello, pueden frecuentaros sin pedir permiso, pues necesitan que os ocupéis de sus asuntos. Así es como Al-lah os Aclara Sus preceptos; y Al-lah Es Omnisciente, Sabio.}[Corán 24:58]
 
Si bien la aleya mencionada dice “quienes no han alcanzado la pubertad”, en realidad este precepto aplica para todo el mundo, ya que más adelante dice “éstos son tres momentos de intimidad para vosotros.” Es obvio y conciso que estos tres momentos de privacidad que se han establecido deben ser respetados.
 
Por supuesto que en todas las demás áreas hay un límite acerca de lo que podemos hacer con los parientes que gustan de entrometerse en nuestros asuntos personales; no obstante, podemos tratar de imponer ciertos límites. Una hermana cuyos artículos de tocador fueron espulgados y maltratados, habló con su suegra y le explicó que estos artículos son personales y que hay límites que no pueden excederse a no ser que exista algo prohibido de por medio. Así, logro mantener una buena relación con su suegra y al mismo tiempo fue capaz de establecer algunas reglas básicas para que puedan convivir en paz y con cierto grado de privacidad. Lo hizo de manera amable y con una sonrisa en los labios, e informó también a su marido, quien habló con su madre y le explicó la importancia de que su esposa goce de algo de privacidad usando el tipo de plática “ponte en su lugar.” No volvió a suceder nunca. Al trabajar en equipo –conformado por marido y mujer- el mensaje surtió mucho más efecto, pero no fue tajante ni falto de respeto.
Las cuestiones de privacidad son probablemente el aspecto más difícil con que hay que lidiar cuando alguien se muda a nuestra casa. La pérdida de la privacidad es a lo que más nos tardamos en acostumbrarnos, especialmente si no somos muy sociables y aun así, puede que usted sea el tipo de persona que se siente a gusto rodeada de otros todo el tiempo, pero a pesar de eso será difícil porque su hogar es el lugar donde encuentra refugio y se retira de todo lo demás.

Safwan ibn Salim narró que el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo:“Aquel que cuide o trabaje para una viuda o un pobre, es como el guerrero que combate por la Causa de Al-lah o como la persona que ayuna durante el día y reza toda la noche.”[Al Bujari]

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