Los hipócritas dentro de las filas de los musulmanes (Parte 1)

Los hipócritas dentro de las filas de los musulmanes (Parte 1)
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Desde el amanecer del Islam hasta nuestros días, y hasta el fin del mundo, los planes para apagar su llama han sido continuos, y la lucha entre la verdad y la falsedad es cada vez más fuerte. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {[Sabe ¡Oh, Muhammad! que] Por cierto que Dispusimos que todos los Profetas tuvieran enemigos de entre los pecadores. Pero la guía y el socorro de Al-lah te es suficiente} [Corán 25:31], y: {Y al igual que a ti, hicimos que cada Profeta tuviera enemigos que se revelaban de entre los hombres y los genios, y que se susurraban mutuamente hermosos discursos para desviar a los hombres. Pero si tu Señor Hubiera Querido no lo habrían hecho. Apártate, pues, de ellos y sus mentiras.} [Corán 6:112]

Las tormentas y huracanes arremeten contra la Ummah (Nación Islámica) y nos descubren la realidad de los infiltrados en las filas de los musulmanes y sus intenciones. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {¿Acaso piensan aquellos cuyos corazones están enfermos que Al-lah no Sacará a la luz el odio que sienten por la Verdad? Si Hubiéramos Querido les Hubiésemos Marcado para que les reconocieras, pero seguro que lo harás por la forma que tienen de expresarse [que evidencia su incredulidad]. Sabed que Al-lah bien Conoce vuestras obras [y os Juzgará acorde a ellas].} [Corán 47:29-30]
El ataque anunciado de los enemigos ocultos en contra del Islam, sus estudiosos, su gente, sus bases, sus enseñanzas y las sociedades donde viven los musulmanes, es encabezado por quienes promueven formas de pensar e ideologías que han sido declaradas como negativas y dañinas por todo el mundo. Sus intentos destructivos solo demuestran que dentro de la Ummah hay hipócritas que mienten a la hora de asegurar lealtad al Islam y a los musulmanes, y que en nombre de la religión saturan los periódicos con artículos y comentarios llenos de incredulidad. Cada uno de ellos más orgulloso que el otro, compitiendo entre sí por la nariz más larga, pues uno es más hábil que el otro para inventar mentiras contra todo lo que tenga relación con el Islam, para injuriarlo y difamarlo, y aún así se hacen llamar musulmanes.
Personas con características así solo deben darnos pena –claro, hay que ser prevenidos y aunar esfuerzos para frenar sus intentos destructivos– pues su trabajo gira alrededor de la mentira, la difamación y la traición. Sus corazones no se han endurecido nada más, sino que se han muerto y descompuesto.
Ante sus intentos divisorios y destructivos, todo musulmán debe estar presto para anularlos y exponerlos ante todo el mundo; pues en nombre de esa ideología desviada y torcida llamada secularismo, tratan de esconder sus malas intenciones. Con consignas que llaman al cambio y la modernización pretenden cambiar las leyes de la Shari’ah por las humanas, las cuales han demostrado a lo largo y ancho del planeta su inutilidad para traer la paz, la justicia y la armonía a toda la humanidad por igual. En cuanto al comportamiento, qué podemos decir, pues estos hipócritas han sido los que han metido en la sociedad la indecencia, la promiscuidad y la vulgaridad, atacando el Hiyab, el pudor y la decencia, escondidos detrás de la cortina de lo que ellos llaman libertad, que no es otra cosa más que el libertinaje; pues para ellos la igualdad no se trata más que de convertir a la mujer en una mercancía que se compra y se vende, una esclava en manos de los caprichos y deseos del hombre, humillándola y deshumanizándola con la moda, la vanidad y la desnudez.
Las campañas que han lanzado en el tema de la mujer, específicamente, pretenden hacer olvidar a la gente lo que Al-lah, Altísimo sea, Ha Decretado en el Corán, Dice (lo que se interpreta en español): {Ellas tienen tanto el derecho al buen trato como la obligación de tratar bien a sus maridos} [Corán 2:228], que es lo que Su Mensajero, sallal-lah 'alaihi wa sallam, confirmó cuando dijo: “La mujeres son las hermanas de los hombres” [Ahmad y At-Tirmidhi], refiriéndose al trato igualitario que hay que darles. Pero por más que lo intenten y por más discursos que puedan exponer, la verdad es una sola: la mujer no ha sido dignificada ni respetada ni protegida ni liberada más que en el Islam.
Al Wala’ Wal-Bara’ (lealtad y fidelidad al Islam y su gente) es uno de los tantos temas contra los que también han arremetido. El musulmán ama lo que Al-lah y Su Profeta aman, y rechaza lo que Al-lah y Su Profeta rechazan. Esto no quiere decir para nada que el creyente deba sentir animadversión por todo aquel que no sea musulmán, pues la Shari’ah de Al-lah promueve el establecimiento de relaciones con ellos, permite que vivan en el Estado Islámico gozando de las mismas garantías que los musulmanes y acepta el establecimiento de pactos y treguas; la única condición es que no se les ayude a difundir la incredulidad o a hacer daño al Islam y su gente. Los hipócritas pretenden que traicionemos a Al-lah y a Su Profeta, es decir, al Islam en sí, y que juremos lealtad y fidelidad a la incredulidad e inmoralidad. Quieren que alabemos a los personajes más destacados de la historia de los no musulmanes, y que reneguemos del legado de los hombres y mujeres justos, virtuosos y piadosos de nuestra gloriosa historia y de la actualidad.
Nada se salva de sus lenguas y plumas viperinas, atacan con su veneno todo lo que tenga que ver con la moral, la virtud y el pudor, con su palabras que endulzan los oídos y engañan los sentidos de los descuidados; alegan a viva voz que se debe disminuir, por no decir acabar, con la publicación de cualquier libro que toque temas referentes a la creencia y la Shari’ah, y que se deben dejar de transmitir programas islámicos, que según ellos, limitan las libertades individuales, olvidándose que el Islam fue el primero en establecer lo que hoy se conoce como derechos humanos. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Éstos no poseen ningún fundamento, ni tampoco sus antepasados. ¡Qué graves palabras salen de sus bocas! No dicen sino mentiras} [Corán 18:5], y: {Cuando se les dice: ¡No corrompáis en la Tierra! Responden: Somos nosotros quienes procuramos establecer el bienestar en ella. ¿Acaso no son ellos los corruptores? Pero no se dan cuenta.} [Corán 2:11-12]

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