El viaje de los deseos (Parte 1)

El viaje de los deseos (Parte 1)
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 Me lo imagino sufriendo todo tipo de tormentos físicos y psicológicos, del tipo que incluso las montañas no pueden resistir. En medio de este tormento y dolor, sus recuerdos martirizantes comienzan a rondarlo, las memorias del viaje de su vida mundanal, hasta que terminó en el Infierno. Cuando recuerda esos momentos, no siente nada más que remordimiento y dolor, así como los deseos imposibles que habían sido la fuerza impulsora de su vida, y que resultaron inalcanzables.
Dedicó toda su vida mundanal a jugar y retozar en un estado de ilusión, engañado por el engañador respecto de Al-lah, el Todopoderoso. Él lo desvió del camino recto y no le otorgó a Al-lah, el Exaltado, Sus derechos como corresponde a Su grandeza, ni observó Sus obligaciones.
Cometió innumerables malas acciones y su vida giraba en torno a los pecados. Sus esperanzas irreales lo engañaron, y sus expectativas de una vida larga lo abandonaron. Se apartó de la senda de los justos y se unió a la fila de los pecadores, hasta que la muerte lo tomó por sorpresa.
Fue entonces cuando recordó su oscuro pasado y el hecho de que tenía un Señor. Se dirigió a Él diciendo: {Cuando la muerte les sorprenda [a los incrédulos y vean el castigo] dirán: ¡Oh, Señor mío! Hazme regresar a la vida otra vez, para [creer en Ti y] realizar las obras buenas que no hice.} [Corán 23:99-100] Sin embargo, la respuesta lo golpeó como un rayo: {Pero no se les dará otra oportunidad, pues son sólo palabras [que no cumplirán]. Y permanecerán en ese estado [la muerte] hasta que sean resucitados.} [Corán 23:100] ¡Cuánto dolor y arrepentimiento!
Entra en un agujero estrecho que lo recibe apretándolo con severidad, aplastando sus costillas. Entonces, el juicio de los dos ángeles se inicia, cuando le preguntan acerca de su Señor, su religión y su Profeta. Él responde diciendo: “No sé”. Está sorprendido de sí mismo: ¿Cómo no es capaz de responder estas simples preguntas cuando es famoso por su inteligencia y elocuencia? Este pobre hombre no se da cuenta de que es una cuestión de apoyo y guía divina que se concede sólo a los siervos rectos de Al-lah, el Todopoderoso, que merecen una recompensa.
En su tumba, sufre toda clase de tormentos, con un ángel que tiene una piedra en su mano sobre él. Este ángel le aplasta la cabeza una y otra vez con la piedra, pero se recupera de inmediato.
Entonces, otro ángel con un gancho de hierro en la mano corta el lado derecho de su boca hasta la nuca, luego corta su nariz y luego su ojo derecho hasta la nuca. Después de esto, hace lo mismo del lado izquierdo. Cuando termina y regresa al lado derecho, lo encuentra ya curado, entonces comienza otra ronda de tormento, y esto continúa hasta el Día del Juicio.
Su compañero en la tumba es un hombre feo y hediondo, que se identifica a sí mismo cuando le pregunta quién es, contestándole: “Soy tus malas obras”.
Cuando se abre una ventana ante él, permitiéndole ver su lugar en el Infierno y el tormento que le espera allí, pide otro deseo que muestra lo severo que es el castigo que le aguarda en el Infierno el Día del Juicio. Dice: “¡Oh, mi Señor, que no llegue la Hora Final. Oh, mi Señor, que no llegue la Hora Final!”
Es atormentado con severidad en su tumba, pero aun así prefiere quedarse en ese tormento, pues se da cuenta de que el tormento en el más allá será de seguro mucho más duro y más humillante. Al-lah, el Todopoderoso, dice (lo que se interpreta en español): {Y os haremos padecer adversidades en esta vida para que recapacitéis, antes de que os azote el castigo del Infierno.} [Corán 32:21]
Por lo tanto, Al-lah, el Altísimo, nos dice que vamos a experimentar el tormento más cercano, que es el tormento en esta vida mundanal y en la tumba, que es menor que el gran tormento de la otra vida.
Sin embargo, este deseo tampoco se hace realidad, pues Al-lah, el Todopoderoso, dice (lo que se interpreta en español): {Será soplada la trompeta [por el Ángel Israfil] y todos los que estén en los cielos y en la Tierra perecerán, excepto quien Al-lah quiera; luego será soplada por segunda vez y [todos resucitarán] poniéndose de pie [para ser juzgados]. Entonces verán [lo que Al-lah hará con ellos].} [Corán 39:68]

 

 

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