Motivación para el arrepentimiento

Motivación para el arrepentimiento
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El pecado puede ser reconocido como un rasgo hereditario, porque ¿quién se parece a su padre y no hace el mal? Pero, si el padre se restablece después de fallar, que la emulación de él sea en ambos polos, tanto el negativo como el positivo. Adán, la paz de Al-lah sea con él, fue golpeado por el remordimiento y se llenó de arrepentimiento por sus acciones pasadas. Cualquiera de sus hijos que lo sigue como un modelo de pecado únicamente, y no de arrepentimiento, está equivocado.
La dedicación a la bondad inmaculada proviene de los rasgos de los ángeles. La dedicación al mal no corregido proviene de la naturaleza de los demonios. Pero volver al bien y a lo correcto después de haber caído en el mal y la culpa es algo humano. Entonces, lo inherente a la naturaleza del hombre es la dualidad de disposición, dos rasgos que se unen en él.
Todo ser humano verifica su relación con el ángel, con Adán o con el demonio. Manteniendo la definición de ser humano, el arrepentido prueba que está relacionado con Adán, la paz de Al-lah sea con él; mientras que persistir en la iniquidad prueba su relación con el demonio. Sin embargo, la confirmación de la relación con los ángeles, al dedicarse exclusivamente al bien, está más allá del ámbito de lo posible, porque el mal está integrado en la naturaleza humana y solo puede ser refinado por uno de dos fuegos: el fuego del arrepentimiento o el fuego del Infierno. Y cada uno debe elegir el fuego más fácil, y ser rápido en embarcarse en la menor incomodidad antes de que se le quite la posibilidad de elegir para dar paso a la inevitabilidad del Paraíso o del Infierno.
Dado que el arrepentimiento ocupa ese lugar en la fe, se le debe dar la importancia que merece, explicando su verdadera naturaleza, requisitos, motivación, manifestación, beneficio, las dificultades que lo impiden y las vías que lo facilitan.
La naturaleza del arrepentimiento
El arrepentimiento es un concepto que consiste en tres elementos sucesivos e inseparables: conocimiento, remordimiento y acción. El conocimiento es primero, luego el remordimiento, y en tercer lugar la acción. El primero necesita al segundo y el segundo invita al tercero.
En cuanto al conocimiento, este es darse cuenta de la magnitud del daño del pecado, y de que este es una barrera entre la persona y su Señor. Si uno comprende esto con certeza, ese entendimiento provocará angustia como resultado de que el Amado se aleje, puesto que el corazón siente dolor cuando percibe el alejamiento del Amado. Si ese alejamiento ocurrió a causa de un acto que uno realizó, uno se arrepiente de dicho comportamiento. Tal pena en el corazón por el comportamiento que lo aleja a uno del Amado se denomina arrepentimiento.
Cuando esta angustia resulta abrumadora, otro estado interno es inducido: la vocación y aspiración hacia un comportamiento conectado con el presente, el pasado y el futuro. Su conexión con el presente consiste en el repudio del pecado que se estaba cometiendo. La conexión con el futuro implica la determinación de abandonar para siempre el pecado que causa el alejamiento del Amado. Con respecto al pasado, implica la corrección del bien que no se hizo y hacer la buena obra omitida, si es posible dicha restauración.
Por lo tanto, el conocimiento es un prerrequisito y es el punto de partida de estas bendiciones. Por este conocimiento me refiero a la fe y la certeza. Tener fe es aceptar como verdad que los pecados son un veneno mortal. La certeza consiste en la seguridad de la aceptación de esta verdad, la eliminación de toda duda al respecto y, finalmente, el dominio sobre el corazón de modo que cada vez que la iluminación de esta fe brille sobre el corazón produzca el fuego del arrepentimiento. Esto, a su vez, provocará angustia a medida que el corazón perciba, a través de dicha iluminación de la luz de la fe, que ha estado alejado de su Amado. Como quien estuvo en la oscuridad y al borde de la ruina, y con la dispersión de las nubes y el desgarro del velo de oscuridad recibe la iluminación del Sol que brilla y lo irradia, así ve a su Amado. Entonces, las llamas del amor arden en su corazón, y tales llamas se encienden en su voluntad para levantarse y corregir sus caminos.
El conocimiento, el arrepentimiento y la intención conectados con la voluntad de abandonar el pecado en el presente y el futuro, y con corregir el pecado perpetrado en el pasado, son tres conceptos sucesivos dentro de este proceso. El término “arrepentimiento” se refiere a esta totalidad. Con frecuencia, el término arrepentimiento es utilizado únicamente para el concepto de remordimiento, como si el conocimiento fuera una condición previa y el abandono un resultado y una consecuencia final. Es en este sentido que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo, como reportó Abdullah Ibn Masud, que Al lah esté complacido con él: “El remordimiento es arrepentimiento” (Ahmad e Ibn Mayah).
La obligación y la excelencia del arrepentimiento
Las pruebas de la obligatoriedad o wuyoub del arrepentimiento abundan en el Corán y en la Sunnah. Al lah dice:
• {Pidan perdón a Dios por sus pecados, ¡oh, creyentes!, que así alcanzarán el éxito} [Corán 24:31].
• {A quien se arrepienta y haga obras de bien, Dios le aceptará su arrepentimiento} [Corán 25:71].
• {¡Creyentes! Arrepiéntanse sinceramente ante Dios, puede que así su Señor borre sus faltas y los introduzca en jardines del Paraíso por donde corren ríos} [Corán 66:8].
La palabra “sinceramente” en esta aleya significa de forma genuina, con fidelidad y libre de imperfecciones. Además, Al-lah denota la excelencia del arrepentimiento diciendo: {Dios ama a los que se arrepienten y a los que se purifican} [Corán 2:222].
El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “El que se arrepiente del pecado es como el que nunca ha pecado” (Ibn Mayah y At-Tabarani). Él, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo también: “Al-lah es más feliz con el arrepentimiento de Su siervo fiel que un hombre que viaja por un desierto. Lleva consigo su camello con su alimento y agua. En un punto de su viaje se detiene y se duerme. Luego se despierta y su camello se ha ido. Comienza a buscar su camello, pero el calor y la sed son severos. Así que dice: ‘Regresaré a mi lugar’. Vuelve y duerme, y luego levanta la cabeza y su camello está con él, con las provisiones intactas. La alegría de Al-lah ante el arrepentimiento del siervo fiel es más intensa que la del hombre a causa de su camello” (Muslim). Algunas versiones de este hadiz dicen que en su gran alegría y deseo de agradecer a Al-lah el hombre exclamó: “¡Oh, Al-lah! Soy tu maestro y Tú eres mi siervo”. Y en un hadiz narrado por Anas, que Al-lah esté complacido con él, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al-lah dice: ‘¡Oh, hijo de Adán! En tanto Me invoques y Me supliques, te perdonaré cualquier cosa que hayas cometido y no haré de ello gran cosa. ¡Oh, hijo de Adán! Si tus malas obras alcanzan los bordes del cielo y luego Me pides perdón, te perdonaré. ¡Oh, hijo de Adán! Si llenas la Tierra entera de errores, y luego acudes a Mí sin asociar a nada ni nadie conmigo, la llenaré para ti de perdón” (At-Tirmidhi).
Si uno entiende el significado de obligatoriedad del arrepentimiento, que es el medio para la dicha eterna en el Más Allá, que lograr la cercanía con Al-lah solo es posible a través de separar el corazón de la vanidad de esta vida y de la responsabilidad completa ante Al-lah, en búsqueda de intimidad con Él a través del recuerdo y el amor constantes, y que los enemigos de Al-lah que nos mantienen alejados de Su presencia, como seguir los encantos de los demonios, distancian al hombre de Al-lah, entonces no hay duda que renunciar al camino que aleja de Al-lah es una obligación a fin de lograr la cercanía con Él.
Sin embargo, la renuncia solo se logra mediante la unión de conocimiento, remordimiento y determinación, y denominamos “arrepentimiento” a la unión e interdependencia de estos tres conceptos. Mientras la persona no sepa que las transgresiones son las causas de su lejanía del Amado, no sentirá remordimiento ni lamentará su viaje por los caminos del demonio. Sin duda, estos tres elementos son necesarios para acercarse al Amado. Entre los diversos aspectos del arrepentimiento están el abandono de las iniquidades en el presente, la resolución de abstenerse en el futuro, y la corrección de los errores anteriores. De la obligación de esto no hay duda. En cuanto al remordimiento y la tristeza por las ofensas pasadas, con seguridad es obligatorio. Es el espíritu mismo del arrepentimiento que incluye la rectificación total. Es una especie de dolor que uno siente al darse cuenta de cuánto de su vida ha pasado y ha sido desperdiciado en pecar.
La prontitud es esencial para cumplir con la obligación del arrepentimiento
Uno debe apresurarse a arrepentirse, dado que el arrepentimiento es aceptado antes de que uno enfrente la muerte. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al-lah, el Exaltado y Altísimo, acepta el arrepentimiento del siervo en tanto no esté en yugarguir (cuando su alma alcanza su garganta en el momento de la muerte)” (Muslim). Y dice Al-lah: {Mas no serán perdonados quienes sigan obrando mal [por rebeldía contra Dios] hasta que los sorprenda la muerte y recién entonces digan: “Ahora me arrepiento”} [Corán 4:18].
Los pecados son para la fe lo que los alimentos tóxicos son para el cuerpo: siguen acumulándose en el cuerpo hasta que sus elementos componentes cambian imperceptiblemente, y hasta que la composición se deteriora, entonces, de repente, la persona cae enferma y muere. Así es con el pecador. Si un hombre, temeroso de la ruina en este mundo debe, de manera inmediata y constante, abandonar las sustancias tóxicas y las comidas dañinas, también, y con mayor razón, debe hacerlo quien teme la perdición eterna.
Apresúrate, entonces, a arrepentirte antes de que la toxicidad de los pecados haga su trabajo sobre el espíritu y la fe, y el asunto trascienda a los médicos y su conocimiento. Después de eso, buscar refugio no servirá de nada, ni ningún consejo ni amonestación, y la persona estará entre los condenados, como dice en el Corán: {Les pondré en sus cuellos argollas que llegarán a sus barbillas, y sus cabezas quedarán erguidas. Pondré ante ellos una barrera y otra detrás, y los cubriré con un velo y no podrán ver} [Corán 36:8-9]. 

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