La justicia del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él

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La justicia es una noble y grandiosa característica de la moral que atrae a la gente, infunde esperanza en los corazones de los agraviados y los tiranos se preocupan al máximo a causa de ella.
En virtud de la justicia, los asuntos vuelven a su cauce normal y correcto; los derechos se devuelven a sus dueños, la gente es feliz y la vida se rectifica. El bienestar está presente mientras haya justicia, y si la justicia está ausente la gente será desdichada.
La justicia pertenece a la moral de los grandes, y es una característica de los piadosos; es la esperanza de los justos y el camino del éxito para los creyentes en esta vida mundana y en la otra. La justicia era inherente a la personalidad de los profetas, de los piadosos, de los líderes, de los mentores y, sobre todo, del sello de los Mensajeros, el maestro de los humanos, Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, de quien era una característica destacada.
La justicia era un aspecto de la gran personalidad del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, él la practicaba ante Al-lah, el Todopoderoso, en su trato con los demás, con sus parientes y con sus amigos, con sus adversarios e incluso con sus acérrimos enemigos. Al-lah le ordenó ser justo; Al-lah dice: {¡Oh, creyentes! Sean responsables con [los preceptos de] Al-lah. Sean justos cuando den testimonio. Que el rencor que sienten no les conduzca a obrar injustamente. Sean justos y equitativos, porque eso es lo más cercano a la piedad. Y tengan temor de Al-lah, porque Al-lah está bien informado de lo que hacen} [Corán 5:8].
Por lo tanto, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, obedeció las órdenes de Al-lah en todos sus asuntos, adoptando siempre la justicia con sus Compañeros y enemigos.
Nunca le negó la justicia a nadie, ni siquiera a los que se oponían a él y mostraban una actitud muy desfavorable hacia él. Más bien los perdonaba, como veremos en la siguiente historia. Abu Said Al Judri, que Al-lah esté complacido con él, dijo: “Mientras estaba en Yemen, Ali, que Al-lah esté complacido con él, envió una pepita de oro al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, quien consecuentemente la repartió entre cuatro personas: Al Aqra Ibn Habis Al Hanzali, Uiainah Ibn Bader Al Fazari, 'Alqamah Ibn 'Ulazah Al 'Amiri (un hombre de Banu Kilab), y Zaidul-Jair At-Ta'i, que era un hombre de Banu Nabhan, que Al-lah esté complacido con ellos. Entonces, los quraishíes se enfadaron porque el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, concedió regalos a los jefes de Nayed y los ignoró. El Profeta justificó su accionar diciendo que los favorecía para ablandar sus corazones. Luego, un hombre con una espesa barba, pómulos prominentes, ojos hundidos, frente arqueada y cabeza afeitada se acercó al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, diciéndole que temiera a Al-lah. Entonces, el Profeta dijo: “¿Quién obedecería a Al-lah si yo le desobedeciera? ¿Acaso Al-lah, el Todopoderoso, no me confía Sus asuntos en la Tierra mientras que ustedes no lo hacen?” (Al Bujari y Muslim).
Esta gran característica de su personalidad se manifestó de la manera más hermosa cuando el Profeta pidió a una persona que buscara venganza de él mismo. Abu Said Al Judri, que Al-lah esté complacido con él, narró: “Mientras el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, estaba repartiendo algo entre la gente, un hombre vino y se acercó mucho a él. El Profeta lo cacheteó con un tallo de dátil. El hombre se marchó y el Profeta lo llamó para que se desquitara (haciéndole al Profeta lo mismo). Sin embargo, le dijo al Profeta que lo había perdonado” (An-Nasa'i).
Además, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, siempre practicó la justicia y no le gustaba tener privilegios entre sus compañeros. Por el contrario, amaba la igualdad y soportaba las dificultades con ellos. Ibn Masud, que Al-lah esté complacido con él, narró: “El día de la batalla de Bader, tres personas montaban en un mismo camello por turnos. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, tuvo que hacerlo con sus dos compañeros, Abu Lubaba y Ali Ibn Abi Talib, que Al-lah esté complacido con ellos. Cuando le tocaba al Profeta caminar, los dos Compañeros se ofrecían a caminar en su lugar. Sin embargo, él se negaba y decía que ellos no eran más fuertes que él, y que también necesitaba la recompensa de Al-lah al igual que ellos” (Ahmad).
La práctica de la justicia en el ámbito familiar no se interrumpía cuando el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, estaba ocupado dirigiendo los asuntos del estado o participando en batallas. Solía repartir su tiempo entre sus esposas, invocando a Al-lah, el Todopoderoso, para que no lo culpara por su especial amor o afecto hacia algunas de ellas; como se informa en un hadiz narrado por At-Tirmidhi, pero que fue calificado como débil.
‘Aisha, que Al-lah esté complacido con ella, la esposa del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, quería emprender un viaje, hacía un sorteo entre sus esposas para elegir a una de ellas para que lo acompañara” (Al Bujari y Muslim).
Anas, que Al-lah esté complacido con él, narró: “Una esposa del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le envió comida en un cuenco como regalo. Sin embargo, ‘Aisha golpeó el cuenco, la comida cayó y el cuenco se rompió. Entonces, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘La comida derramada tiene que ser compensada por otra [comida], y el cuenco roto tiene que ser compensado por otro’” (At-Tirmidhi lo calificó Hasan, y Al Bujari lo narró con diferentes palabras)
Al juzgar entre las personas que se peleaban, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, era totalmente justo y nunca cometió ninguna injusticia. Haram Ibn Muhaisa, que Al-lah esté complacido con él, narró con la autoridad de su padre que una camella perteneciente a Al-Bara Ibn Azib, que Al-lah esté complacido con él, entró en un jardín que pertenecía a un hombre y causó daños en el lugar. Entonces, el Profeta juzgó que la protección de la propiedad era responsabilidad de sus dueños durante el día y que los dueños del ganado debían guardarlo durante la noche. Esto es según un hadiz narrado por Ahmad.
El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, no aprobaba que no se aplicara el castigo correspondiente prescrito por Al-lah, el Todopoderoso, para administrar justicia entre la gente, aunque el culpable fuese su pariente o alguien que amaba. Cuando una mujer perteneciente a la tribu de Banu Majzum cometió un robo, el Profeta rechazó la intercesión de Usama, que Al-lah esté complacido con él, por ella (para que no se le aplicara el castigo correspondiente) y dijo sus famosas palabras: “Oh, gente, lo que llevó a la destrucción de las naciones que les precedieron fue la absolución de la persona noble si cometía un robo y la imposición del castigo al débil si lo cometía. Juro por Al-lah, que si Fátima, la hija de Muhammad, cometiera un robo, cortaría su mano” (Al Bujari y Muslim).
También el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, solía ordenar a sus compañeros que aplicaran la justicia en todos los asuntos y buscaran el equilibrio. Dirigiéndose a Abdul-lah Ibn 'Amr Ibn Al 'Aas, que Al-lah esté complacido con ambos, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le dijo: “Oh, 'Abdul-lah Ibn 'Amr, he sido informado de que ayunas todos los días y realizas oraciones nocturnas voluntarias durante toda la noche. No lo hagas, pues tu cuerpo, tus ojos y tu esposa también tienen derechos sobre ti” (Muslim).
A través de su noble personalidad, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, pudo lograr que la gente le prestara atención, estimular sus sentimientos hacia sus sublimes principios y establecer un método único para la mejor nación −los musulmanes− que guía a toda la humanidad para observar la justicia y erradicar la opresión y la injusticia. 

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