Regando el huerto y la mente

Regando el huerto y la mente
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El confinamiento en los hogares tiene sus beneficios y sus perjuicios, sus bondades e inconvenientes; algunas personas se molestaron, mientras que otras se alegraron. Sin embargo, debemos obedecer, tal y como nos enseña la Shari’ah, pues es parte del tratamiento que Al-lah nos enseña que debemos buscar ante las enfermedades, por lo que la obligación de todos es colaborar sin protestar {[…] puede ser que les desagrade algo en lo que Al-lah ha puesto un bien para ustedes} [Corán 4:19].

El mejor de todos es aquel que convirtió ese confinamiento, ese encierro obligatorio en un retiro consciente, en el que tenía un propósito claro para avanzar en el conocimiento y elevar su espíritu, por lo que buscó que su que su mente se nutriera y duplicó su lectura. Una persona que quiera triunfar debe aprovechar el tiempo y sacar ventaja de las situaciones adversas.

Algunos leyeron decenas de libros, otros se dedicaron a investigar, a escribir, a participar en cursos, y otros se entregaron por completo a sus familias, aprovechando la cercanía, para enseñarles y purificar sus almas, lo que les dio la oportunidad de conocer mejor y con mayor profundidad a cada miembro.

Algunos se ocuparon de sus huertas y de sus mentes, las regaron a ambas, pues, así como las plantas necesitan de irrigación, la mente también tiene esa necesidad. Y yo, quien les escribe, fui de esos. Para terminar con el aburrimiento del encierro en la casa, me dediqué a la irrigación y a disfrutar de la vista de esos pequeños árboles y plantas.

Este espacio me ayudo a aprender sobre la vida de las plantas, de la gran necesidad que tienen del agua, noté su gran belleza, la sombra que hacen y su verdor, lo que me ayudó a comprender que la mente del hombre es como un árbol, que el corazón es como un huerto, y de igual forma lo es la fe, pues esta no crece si no se la nutre con lo necesario, como obras de bien y oraciones, así como las plantas que necesitan que el flujo de agua llegue a sus raíces.

Mientras que el agua irrigaba la tierra, no se descuidó la mente y fue rociada también, decicándose a la lectura y a la escritura, pues esta fue una oportunidad única, por lo que, para los estudiantes de las ciencias islámicas y los imames de las mezquitas, fue el momento de invertir su tiempo de la mejor manera.

Qué poderoso se volvió el que leyó y descubrió, el que escribió y culminó sus escritos, pues de esta forma logró derrotar la soledad de su confinamiento y el distanciamiento social. Así que el Corán fue un medio que transformó el encierro en un despertar científico y de la inteligencia, cuyos frutos serán recogidos en su punto perfecto.

Se les hizo la pregunta a algunos estudiantes de ciencias islámicas: ¿Qué leyeron? ¿Qué produjeron en el campo del conocimiento? ¿Cómo aprovecharon el tiempo? Algunas respuestas alegraron a quienes las escuchaban.

Qué pena por aquellos que desperdiciaron el tiempo, perdieron todas esas horas y se dedicaron a la comida y la gula. Sin lugar a duda es una gran pérdida, pues dejaron pasar una oportunidad que no tiene precio.

Y peor aún es quien se la pasó llorando por la soledad en la que se encontraba y se dedicó a contar las bendiciones que antes estaban a su disposición: no poder asistir a las mezquitas, siendo que iba muy pocas veces, no se apresuraba en arrepentirse, no se postraba ante Al-lah, y no tenía en cuenta estas palabras: {Pidan perdón a Dios por sus pecados, ¡oh, creyentes!, que así alcanzarán el éxito} [Corán 24:31].

El confinamiento es muy parecido al encarcelamiento, mismo que hizo que algunas personas se convirtieran en siervos piadosos de Al-lah y en memorizadores de Su Libro. Aprovecharon la soledad en la que se encontraban y el silencio, pues no tenían con quién hablar, así que remplazaron eso por plumas para escribir y dhikr continuo, lo que les dio una cosecha abundante. Aquí, en este punto, se me viene a la mente del Shaij del Islam Ibn Taimia, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, quien produjo en su celda un material invaluable. Escribiendo con tizón logró terminar colecciones y cartas nada comunes, las cuales fueron descritas por Ibn ‘Abdul Hadi como “muchas” y como resultado directo de su encarcelamiento.

De igual forma, nos encontramos con Al Hafidh As-Sarajsi Al Hanafi, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, autor de Al Mabsut, el cual dictó a sus visitantes desde el fondo del pozo en el que lo tenían encerrado. O el Shaij Al Albani, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, quien revisó y editó Sahih Muslim mientras estuvo preso, lo que le causó una enorme alegría.

Pese a que se está volviendo paulatinamente a la normalidad, el riesgo de un nuevo pico de esta pandemia es alto, por lo que le pedimos a Al-lah que nos proteja a todos.

Por todo lo anterior debemos estar preparados y listos con un plan para actuar y aprovechar por adelantado, en especial esta planificación debe ser hecha por los estudiantes de ciencias islámicas y personas preocupadas por el saber, para que de esta forma nos encontremos descuidados nuevamente y dejemos las cosas para después.

Nuestro gran agradecimiento para todas las organizaciones y sitios web que dictaron cursos, lo que ayudó a abrir nuevos horizontes en el aprovechamiento de la tecnología que hizo posible que se pudiera aprender mientras se prepara el té, o trabajar desde la casa, en compañía de la familia, desarrollando nuevas aptitudes… ¡Qué bendición fue la que Al-lah nos concedió en ese tiempo! {¿Acaso no ven que Al-lah puso al servicio de ustedes cuanto hay en los cielos y en la Tierra, y los colmó de Sus bendiciones, algunas de las cuales ven y otras no?} [Corán 31:20]. 

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