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Él hiyab es más que un velo (parte 2 de 2)

El hiyab es más que un velo (parte 2 de 2)

La naturaleza psicológica de hombres y mujeres es diferente, y los impulsos sexuales están mucho más latentes en hombres que en mujeres. Es necesario reconocer estas diferencias para poder comprender la sabiduría detrás de las normas islámicas respecto al relacionamiento entre hombres y mujeres.
3. El hiyab
Al-lah estableció el hiyab como una obligación para la mujer, por la belleza con la que la creó y su atractivo. Por lo que notamos que la atracción que el hombre siente por ella es mayor que el que la mujer siente por él. Es por ello que, a lo largo de la historia, ha sido más común y frecuente que la mujer sea usada como un objeto sexual y no el hombre.
¿Por qué el Islam exige el uso del hiyab?
Es necesario restar importancia al atractivo físico de la mujer para que no sea vista solo como un objeto ni valorada solo por su apariencia, para que la mujer pueda ser valorada en la sociedad por lo que es y no por cómo luce, que pueda cumplir con su rol en el estudio y el trabajo de la mejor manera, protegiendo su dignidad y afirmando sus cualidades. Cuanto menos expuesta esté la belleza de la mujer, los hombres tenderán más a considerarla por lo que es y no por cómo se ve, y a tratarla como una persona igual a él y no como un pedazo de carne que le sirve solo para saciar sus deseos y pasiones.
El hiyab para los musulmanes no es solamente un vestido, es todo un sistema de normas y comportamientos que determinan la forma en que deben relacionarse hombres y mujeres, sin importar si vivieron en la edad media o se encuentran trabajando juntos en un laboratorio de nanotecnología en pleno siglo veintiuno.
Llama mucho la atención que los detractores del hiyab pasan por alto que la mujer más influyente y conocida en Occidente vestía el hiyab, estamos hablando de la Virgen María. Muchos se rasgan las vestiduras protestando contra la “opresión” que para ellos representa una mujer vestida con recato, pero luego se arrodillan frente a una vestida de esa manera. O, peor aún, mientras adoran a María que en sus imágenes está cubierta de pies a cabeza, y la consideran la madre de Dios, al mismo tiempo alientan a las mujeres a que se exhiban sin pudor en las calles, en concursos vanos de belleza, en revistas obscenas, en anuncios publicitarios, tratándolas como simples objetos.
Es común que en Occidente el hiyab sea visto por hombres y mujeres como una señal de opresión sobre la mujer musulmana, pero para las musulmanas que decidimos vestirlo, en obediencia a Al-lah en primer lugar, el hiyab es un símbolo de libertad, porque nos libera física y mentalmente de la presión de cumplir con los estándares de belleza —a menudo inalcanzables y dañinos— impuestos por la sociedad, nos libera de la incomodidad de las miradas lascivas y lujuriosas, nos libera de la necesidad irracional de la aprobación social, porque sabemos que lo que en realidad necesitamos es la aprobación de Al-lah.

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