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Isa Rojas, México

Isa Rojas, México

 

Assalam alaikum wa rahmatulahi wa barakatu
 
          Cuando estudiaba en la preparatoria yo era católico, mi familia era de las que siempre iban a misa todos los domingos; y considero que, dentro de lo regular, eran practicantes.
          Un día, al estar esperando el metro junto a otro estudiante de mi preparatoria, me di cuenta que él estaba leyendo un libro, este libro se llamaba "La Obra del Maligno"; se lo pedí prestado ya que me llamó la atención. Me sorprendió el contenido de dicho libro, ya que inmediatamente me encontré con una historia que mi alma rechazó. Era una historia donde decía que antes Dios era un ángel, y que destruyó a todos los ángeles que en su origen eran malignos y creó el bien, o algo parecido. Recuerdo que esto se quedó en mi mente, no podía evitar la sensación de tener que refutar tal calumnia. Llegué a mi casa y lo primero que le dije a mis padres cuando los vi fue: “¿Dónde está la Biblia?” Recordaba que en el Génesis se hablaba sobre cómo Dios originó la Creación, y que eso era totalmente contrario a lo que leí en aquel libro.
          Resulta que me gustó la lectura de la Biblia, tanto que fui leyendo capítulo por capítulo. Durante un año seguí leyendo, e iba tratando de  practicar todo lo que leía. Me había dejado crecer la barba, dejé de comer cerdo y mi fe aumentó bastante conforme más iba aprendiendo de Dios y Sus profetas. Inclusive, cuando leí que entre los mandamientos había una orden de no trabajar los sábados, empecé a cerrar el negocio que teníamos en casa durante ese día.
          El punto crítico fue cuando me empecé a preguntar: “¿Por qué no se menciona a Jesús como Dios aquí? ¿Dónde está Jesús? ¿Por qué Abraham, Moisés, David o Salomón, no le piden a él? ¿Por qué se ha dejado de practicar la mayoría de la Ley que se le reveló a Moisés? ¿Por qué el primer mandamiento consiste en no hacer imágenes de nada y las Iglesias están repletas de ellas?”
          Asistía a un grupo católico de adoración nocturna, rezaba el rosario; pero esas dudas seguían ahí. Ya había terminado de leer desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, y después me pregunté: “¿Por qué los judíos no creen en Jesús? ¿Por qué ellos sí descansan los sábados? ¿Quién era Jesús para hacer un borrón de todo y cuenta nueva?” Empecé a buscar por Internet centros judíos, e inclusive le mandé un mensaje a un rabino que me dijo que yo no podría entrar al Judaísmo; pero que no comiera carne de cerdo, que me alejara de los pecados y que no asociara nada con Dios. En mi búsqueda por Internet acerca de los judíos, me apareció una página donde estaba presente “El Diálogo de un cristiano con un musulmán”; al leerlo me preguntaba: “¿Qué es ese Corán que tanto menciona ese tal musulmán? ¿Qué es un musulmán?” Nunca había escuchado de ellos, en ese tiempo le pregunté a unos mormones (con quienes también investigaba cuestiones de la religión), pero no me pudieron contestar, me obsequiaron el Libro del Mormón y, con todo respeto, cuando empecé a leerlo no me gustó. Luego de leer aquel diálogo, me quedé con la impresión de que el musulmán sí creía en Jesús, pero no como Dios; y tampoco lo insultaban como los judíos.
          Ahora me había surgido la duda de leer ese Corán que tanto mencionaba el musulmán. Gracias a Dios, un cliente de nuestro negocio, coleccionador de libros, tenía como cuatro traducciones del Corán en español. Cuando empecé a leer este Libro, me sorprendí al sentir que se dirigía a mí, que el Libro sabía cómo son cada una de las personas, cómo se comportan al hablarles de Dios y se ensoberbecen, cómo muchos están descuidados sin saber que Él los ve; y dije: “¿Quién es tan Sabio como para saber todo esto y describirlo de manera tan eficaz?” Entonces, al seguir investigando, supe que es la Palabra de Dios revelada a través del ángel Gabriel a nuestro Profeta Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam; y no tardé ni una semana en dar con la comunidad de musulmanes de la Ciudad de México, donde fui, desde el primer día, con la decisión de rendirme al Islam y atestiguar que sólo Dios merece nuestra adoración, y que Muhammad es Su Siervo y Mensajero. Y así fue…era un día viernes 30 de abril de 1999.

Isa Rojas

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