Islam Web

  1. Hayy y ‘Umra
  2. Artículos
  3. Personalidad del Musulmán

La Voluntad (Parte III)

La Voluntad (Parte III)

  

El caballo de Zaid bin Harizah
 
Y como si no fuera ya suficiente vergüenza para nuestras almas mezquinas y duros corazones el escuchar sobre el desprendimiento de estos dos discípulos del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, examinemos las palabras de este tercer discípulo del Profeta de nombre Zaid bin Harizah, quien, al escuchar el verso que mencionamos, vino al Profeta de Al-lah trayendo su caballo, y le dijo: “Oh mensajero de Al-lah, Al-lah es testigo, y tú eres testigo que no poseo más que este caballo…tómalo pues y úsalo en la causa de Al-lah”. ¡Subhanal-lah, Alabado sea Al-lah! ¿Son nuestras posesiones más valiosas que las posesiones que estos tres discípulos del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dieron por la causa de Al-lah? ¿Acaso no las amamos tanto como ellos las amaban?
 
Las acciones de estos hombres creyentes son el mejor ejemplo de cómo el musulmán debe responder al llamado de Al-lah en el Corán. El mu’min (el verdadero creyente), cuando escucha la palabra de Al-lah, dice: “Escucho y obedezco”; en cambio el hipócrita, cuando escucha la palabra de Al-lah la desobedece, y en vez de arrepentirse de sus actos pecaminosos, se siente orgulloso de ellos. Y las personas que les recuerdan de lo pecaminoso de sus actos, se convierten para ellos en las peores personas. Tal y como dijo el Mensajero de Al-lah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, en una de sus profecías: “Vendrá un tiempo en que las personas de mi comunidad preferirán la pestilencia del cadáver de un burro, a la presencia de una persona que les recuerde sobre Al-lah”.
 
El verdadero creyente reacciona diferente cuando se recuerda de Al-lah. Dice Allah (lo que se interpreta en español): {Los verdaderos creyentes son aquellos quienes, cuando se les recuerda a Al-lah, sus corazones se sobrecogen; y cuando se les recita el Corán, su fe aumenta y se encomiendan a Su Señor} [Corán 8:2] Es decir: haz lo que Al-lah ha ordenado y deja lo que Él ha prohibido, y encomiéndate a Él. La dotación está en manos de Al-lah. Sabe querido hermano que, si no das algo por la causa de Al-lah voluntariamente, Al-lah tiene el poder de hacer que lo des aún contra tu voluntad. Y sabe querido hermano que, si no dejas algo prohibido por Al-lah voluntariamente, Al-lah tiene el poder de hacer que lo dejes aún contra tu propia voluntad. Por ejemplo, un musulmán que consume bebidas alcohólicas y que sabe que Al-lah ha prohibido su consumo, pero no se abstiene de consumirlas, Al-lah tiene el poder de hacerlo dejar de consumirlas, aunque sea contra su voluntad. Así, su médico le puede informar que su hígado está en muy mal estado a consecuencia del daño causado por el alcohol, y le puede prohibir terminantemente seguir bebiendo. Al-lah es El Todopoderoso, pero te da la oportunidad de que hagas uso de tu voluntad y decidas qué hacer. No nos dejemos engañar por los susurros de Satanás que nos dice: “Pero qué tiene de malo hacer esto o aquello, si todo el mundo lo hace…” Acaso si todo el mundo decidiera tomar veneno, ¿tú también lo tomarías? Claro que no.
 
La voluntad de Abu Bakr
 
Por último, mencionaremos un episodio que ocurrió con uno de los más grandes discípulos del Mensajero de Allah, sallallaahu ‘alayhi wa sallam. Analicémonos a nosotros mismos a leer esta historia y pensemos en cómo hubiésemos reaccionado ante la siguiente situación:
 
Todos conocemos a Abu Bakr Al-Siddiq, que Al-lah esté complacido con él, uno de los más grandes discípulos del Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, y padre de su más querida esposa, Aisha hija de Abu Bakr, que Al-lah esté complacido con ella. Resulta que algunos de los hipócritas de Medina inventaron un rumor en contra de Aisha, acusándola de adulterio. Imagínense cómo se sentía Abu Bakr y el gran enojo que debía sentir contra aquellos que inventaron semejante calumnia. Y resulta que uno de aquellos que andaba llevando el chisme de lugar en lugar, era una persona pobre a la que Abu Bakr ayudaba con su dinero. Cuando Abu Bakr se enteró de esto juró, por Al-lah nunca más ayudar a este hombre pobre y desagradecido. Entonces Al-lah reveló las siguientes palabras (lo que se interpreta en español): {Que los benefactores y los adinerados no juren dejar de asistir a los parientes, a los pobres y a quienes dejaron sus hogares por la causa de Al-lah, y que les perdonen y disculpen. ¿Acaso no amáis ser perdonados por Al-lah? Al-lah es Indulgente, Misericordioso.} [Corán 24:22] Al escuchar estas palabras, Abu Bakr dijo: “Claro que sí mi Señor, yo amaría ser perdonado por Ti. Juro por Al-lah que no le cortaré mi ayuda nunca más”. ¡Subhaanal-lah, Alabado sea Al-lah! ¿Acaso no es esta la verdadera fuerza de voluntad? Abu Bakr estaba muy molesto con el hombre desagradecido, en especial si sabemos que Aisha era una mujer pura e intachable, más virtuosa que todas nuestras hijas y esposas, y que el calumniar a una mujer así de virtuosa es un gran crimen. Pero Abu Bakr era un musulmán en el verdadero sentido de la palabra, era un ‘sometido a la voluntad de Al-lah’ y contaba con una fuerza de voluntad y una obediencia impresionantes. Pongámonos en el lugar de Abu Bakr y examinemos como sería nuestra reacción. En especial sabiendo que muchas veces los hermanos se dejan de hablar o de ayudar por una discusión tonta y vana. Imagínense si alguien manchara nuestro honor con una calumnia como la que sufrió Aisha. Pero Abu Bakr ponía al Corán por sobre todas las cosas, de aquí que apenas escuchó el verso anterior juró volver a ayudar al pobre desagradecido.
 
No podemos aducir ignorancia
 
La voluntad no se compra en un supermercado, ni se consigue debido a nuestra posición social o país de origen; sino que se aprende poco a poco, se la va criando, se la va desarrollando paso a paso. Con cada oración, con cada pequeño esfuerzo por la causa de Al-lah.
 
Algunas personas se excusan diciendo que no conocen la religión, y que por eso son como son y hacen lo que hacen. Esta es una excusa inaceptable hermanos. ¿Quién de nosotros no sabe que debemos seguir el ejemplo del Mensajero de Al-lah? ¿Quién de nosotros no sabe que Al-lah nos ha ordenado rezar cinco oraciones al día? ¿Ramadan? ¿Hayy? ¿Quién no sabe que Al-lah ha prohibido el engaño, la mentira, la inmoralidad, etc.? El Profeta, sallallaahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “Lo que Al-lah ha permitido está claro, y lo que ha prohibido también está claro”. Y el que no sabe, que aprenda y que no sienta vergüenza. La única vergüenza que debe sentir es de la de llegar al Día del Juicio y darse cuenta que ya no hay marcha atrás. Muchos de los seguidores del Mensajero de Al-lah eran mayores en edad que él, pero eso nunca les impidió preguntar sobre lo que ignoraban.

Related Articles

Virtudes del Hayy