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Al Ifk (la calumnia) en contra de ‘A’ishah, la esposa del Profeta Muhammad III

Al Ifk (la calumnia) en contra de ‘A’ishah, la esposa del Profeta Muhammad III

“A la mañana siguiente, el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, llamó a ‘Ali Ibn Abi Talib y a Usama Ibn Zaid, que Al-lah Esté complacido con ellos, para consultarles sobre divorciar a su esposa cuando vio que la Revelación no se presentaba. Usama, que Al-lah Esté complacido con él, le aconsejó, guiado por lo que conocía de su buena reputación, y dijo: “¡Mensajero de Al-lah! Conserva a tu esposa; no sabemos de ella sino cosas buenas. ¡Por Al-lah!” En cambio, ‘Ali, que Al-lah Esté complacido con él, dijo: “¡Mensajero de Al-lah! Al-lah no te ha restringido nada y hay muchas otras mujeres aparte de ella. Sin embargo, pregúntale a la sirvienta que ella te dirá la verdad”. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, llamó a Barirah y le dijo: “¡Barirah! ¿Has visto en ‘A’ishah algo sospechoso?” Barirah dijo: “Nunca he visto algo sospechoso en ella, excepto que es una muchacha muy joven que a veces se duerme y deja que la cabra se coma el grano”.

Ese mismo día el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, subió al púlpito y pidió que lo ayuden a castigar a ‘Abdul-lah Ibn Ubai Ibn Salul: dijo: “¿Quién me ayudará para castigar a esa persona que me ha dañado calumniando la reputación de mi familia? Pues, ¡por Al-lah!, no sé de mi esposa sino cosas buenas y han acusado también a un hombre del cual no conozco sino cosas buenas y nunca entró a mi casa sin mi compañía”. Sa’d Ibn Mu’adh se levantó y dijo: “¡Mensajero de Al-lah! Por Al-lah que yo te ayudaré contra él. Si es de la tribu Aws (la tribu de Mu’adh) le cortaremos la cabeza; y si es de nuestros hermanos de Jazrayy, ordénanos y ejecutaremos lo que ordenes”. Entonces, se levantó Sa’d Ibn ‘Ubada, señor de los Jazrayy, que había sido antes un hombre piadoso, pero fue arrastrado por el tribalismo, y dijo: “¡Mientes! ¡Por Al-lah! No lo matarás ni podrías hacerlo”. Entonces se levantó Usaid Ibn Al Hudair y dijo: “¡Juro que mientes! ¡Por Al-lah que lo mataremos! Pues tú eres un hipócrita que defiende a los hipócritas”. El alboroto y la tensión aumentaron y las tribus de Aws y Jazrayy estuvieron a punto de pelear una contra otra frente al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, en el púlpito. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, descendió y los calmó hasta que se callaron y él se calló.
‘A’ishah agrega: “Todo ese día lloré; mis lágrimas no dejaban de fluir y no pude conciliar el sueño. A la mañana siguiente mis padres estaban junto a mí; llevaba dos días con sus noches llorando, hasta que pensé que mi hígado reventaría de tanto llorar. Mientras mis padres estaban sentados a mi lado, una mujer de los Ansar pidió pasar y yo se lo permití; entró y se puso a llorar a mi lado. Entonces entró el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y se sentó a mi lado; algo que no hacía desde que se dijeron las calumnias sobre mí, y ya había pasado un mes sin que se le revelara nada sobre mí. Pronunció la Shahadah y dijo: “¡‘A’isha! Me ha llegado sobre ti esto y aquello (el supuesto adulterio con Safwan); si eres inocente Al-lah Demostrará tu inocencia. Y si cometiste un pecado, pues pide perdón a Al-lah y arrepiéntete ante Él; porque si el siervo reconoce su falta y luego se arrepiente ante Al-lah, Al-lah lo Acoge”. Cuando el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, terminó de hablar cesó completamente mi llanto y dije a mi padre: “Responde al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, por mí”. El dijo: “¡Por Al-lah! No sé qué decir al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam”. Dije a mi madre: “responde por mí al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, sobre lo que dijo”. Ella dijo: “¡Por Al-lah! No sé qué decirle al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam”. A pesar de ser una niña que no sabía mucho del Corán, yo dije: “Yo, ¡por Al-lah!, sé que vosotros sabéis lo que está diciendo la gente; y que eso ha llegado a vuestro interior y bien adentro lo creéis. Si os digo que soy inocente, y Al-lah Sabe que lo soy, no me creeríais; y si os digo que soy culpable de tal pecado, y Al-lah bien Sabe que soy inocente, me creeríais. ¡Por Al-lah! No encuentro nada como esta situación, excepto cuando el padre de Yusuf (José) dijo: {Tendré paciencia, y a Al-lah es a Quien debo implorar el socorro sobre lo que narráis.} [Corán 12:18]”. Y me di vuelta en mi lecho”.
Contiúna…

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