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Él tratado de Al Hudaibiah -II

El tratado de Al Hudaibiah -II

“Entonces, ‘Urwah Ibn Mas’ud se levantó y dijo: “¡Oh gente! ¿No sois los hijos? ¿No soy el padre?” Dijeron: “Claro que sí”. Dijo: “¿Desconfiáis de mí?” Dijeron: “No”. Dijo: “¿Sabéis que yo solicité a la gente de ‘Ukadh que os socorran, y cuando ellos se negaron vine a vosotros con mi familia, mis hijos y los que me obedecen?” Dijeron: “Claro que sí”. Dijo: “Pues este hombre os ha presentado una propuesta razonable; aceptadla y dejad que vaya a él”. Dijeron: “Ve ante él”. ‘Urwah fue ante Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y se entrevistó con él. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le dijo lo mismo que dijo a Budail. Entonces, ‘Urwah dijo: “¡Muhammad! ¿No tienes escrúpulos para cortar así los lazos de parentesco? ¿Has oído, acaso, de algún árabe que haya roto relaciones con su familia antes que tú lo hagas? Y si te azota la derrota, ¡Por Al-lah! No veo gente digna (contigo), sino que veo gente de varias tribus que huirían y te dejarían solo”. Abu Baker le dijo: “¡Chupa los genitales de Al Lât! ¿Nosotros huiremos y lo dejaremos?” ‘Urwah preguntó: “¿Quién es este hombre?” Le dijeron: “Es Abu Baker”; entonces dijo a Abu Baker: “Si no fuera que tú me hiciste un favor y yo no te lo he devuelto, te respondería”. Y ‘Urwah siguió hablando al Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y le tomaba de la barba mientras le hablaba. Al Mugirah Bin Shu’bah estaba de pie detrás del Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, con una espada en su mano y vistiendo un casco; cada vez que ‘Urwah quería tomar la barba del Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, con su mano, Al Mugirah le golpeaba la mano con el mango de la espada y le decía: “Quita tu mano de la barba del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam”. ‘Urwah levantó la cabeza y dijo: “¿Quién es este?” Le dijeron: “Al Mugirah Ibn Shu’bah”. Dijo: “¡Oye traicionero! ¿Acaso no estoy procurando evitar el mal de tu traición?” Y es que Al Mugirah había acompañado a unas personas antes de islamizarse, los mató a todos y luego se islamizó. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le dijo: “Acepto tu islamización; pero los bienes que tomaste no quiero tener nada que ver con ellos”. Luego ‘Urwa empezó a observar con atención a los Sahabah del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam. ¡Por Al-lah! Siempre que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, escupía, estaba la mano de uno de ellos para recibir el esputo y luego frotarse con él su cara y su piel. Si les ordenaba algo se apresuraban a cumplir sus órdenes. Cuando se hacía la ablución, casi peleaban por recoger el resto del agua que usaba. Cuando hablaba, ellos bajaban la voz y no osaban levantar su mirada hacia él por respeto. Cuando ‘Urwah volvió a su gente, les dijo: “¡Oh gente! ¡Por Al-lah! Yo formé parte de delegaciones al César, a Cosroes y al Negus. ¡Y por Al-lah! No he visto rey alguno tan respetado y amado como la gente de Muhammad respeta y ama a Muhammad. ¡Por Al-lah! Si escupe está la mano de uno de sus Sahabah para recoger el esputo y frotárselo por el rostro y la piel. Si les ordena algo se apresuran a cumplirlo y si hace la ablución ellos casi se pelean por recoger los restos del agua que usa. Cuando habla ellos bajan la voz cerca de él y no lo miran directamente por respeto. Él os ha presentado una oferta razonable, así que aceptadla”.

 
Continúa…

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