La noche de bodas: experiencias graciosas

La noche de bodas: experiencias graciosas
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La vida tiene formas divertidas de enseñarnos lecciones, no siempre de la forma que queremos aprender; sin embargo, terminamos educándonos a partir de esas lecciones… y, una vez todo se ha dicho y hecho, podemos también reír un poco.
 
¿Cómo sabemos que la diversión es una parte importante de nuestra vida? Los sabemos porque el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, enfatizó la importancia de dedicar un tiempo adecuado a la diversión en la vida –no una, sino tres veces– en el siguiente hadiz:
 
Handhalah Al-Usaidi dijo: “Abu Baker me encontró un día y me preguntó: ‘¿Cómo estás Handhalah?’ Respondí: ‘Handhalah se ha vuelto un hipócrita’. Él dijo: ‘¡Subhan Al-lah! ¿Qué estás diciendo?’ Respondí: ‘Cuando estamos con el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, él nos menciona el Fuego y el Paraíso hasta que es como si los estuviésemos viendo. Pero, cuando dejamos su compañía y regresamos con nuestras esposas e hijos o nos ocupamos de nuestras propiedades, nos olvidamos’. Abu Baker dijo: ‘Por Al-lah, he experimentado lo mismo’. Entonces, él y yo fuimos a visitar al Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y dije: ‘Oh, Mensajero de Al-lah, Handhalah se ha vuelto un hipócrita’. Él preguntó: ‘¿Y cómo es eso?’ Respondí: ‘Oh, Mensajero de Al-lah, cuando estamos contigo nos hablas sobre el Fuego y el Paraíso hasta que es como si los estuviésemos viendo. Luego nos vamos y jugamos con nuestras esposas e hijos y nos ocupamos con nuestras propiedades, y nos olvidamos’. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, entonces dijo: ‘Por Aquel que tiene mi alma en Sus Manos, si continuaran en el mismo nivel que cuando están conmigo y recordando a Al-lah, los ángeles tomarían sus manos cuando descansen y cuando caminen. Pero, oh, Handhalah, hay un tiempo (para esto) y un tiempo (para aquello)’. Él repitió esta frase tres veces”. [Muslim]
 
Graciosamente nerviosa
 
Dos días antes de mí boda mi carro se arruinó. Por esa razón, una amiga cercana, quien además era esposa de mi Wali (guardián), iba a llevarme al tribunal del condado para finalizar los trámites legales y así mi prometido y yo pudiéramos casarnos en la mezquita con el Imam al día siguiente en una ceremonia islámica.
 
Ya que la hermana y yo no sabíamos cómo llegar al palacio de justicia del pueblo, mi Wali sugirió que siguiéramos a mi prometido en su carro y así lo hicimos.
 
Sin embargo, poco después que empezamos a conducir, mi prometido nos dirigió hacia una estación de gasolina y dijo que necesitaba gasolina y un mapa.
 
Nosotras observábamos en nuestro carro desde una cierta distancia, y pronto nos dimos cuenta de cuán nervioso estaba mi prometido, tropezaba con todo por todas partes. Se golpeó con la antena de su automóvil en la cabeza, se enredó con la manguera de la gasolina, casi golpea su rodilla en el carro y luego, cuando estaba saliendo de la tienda de la estación con un mapa en la mano, caminó apresuradamente hacia la puerta de cristal ¡y casi se golpea en ella!
 
Verlo actuar tan nerviosamente me hizo sentir un poco más relajada sobre mi gran día, sabiendo que no era la única con mariposas en mi estómago o tomando este evento tan seriamente. Al Hamdulil-lah, todos pudimos llegar al juzgado en una sola pieza. Nos hemos reído mucho sobre ese día desde entonces.
 
Mi noche de lamentos
 
Después de la media noche en nuestra noche de bodas, mi esposo y yo estábamos muy cansados de las festividades de la recepción. Se suponía que ambos subiríamos al piso siguiente a nuestra habitación en el ascensor, pero algunas de mis amigas insistieron en que debíamos caminar juntos y no usar el elevador. Aceptamos pensando que eso sería más romántico. Cuando casi habíamos llegado al final de las escaleras, ¡me enredé con mi vestido y me caí hacia atrás! Por supuesto, mi esposo trató de detenerme y evitar que me cayera, pero no fue lo suficientemente rápido y lo arrastré conmigo. Sin embargo, él se las arregló para detener la caída y evitar que llegáramos hasta el fondo. Y, a pesar de la vergüenza y unas cuantas contusiones, finalmente pudimos llegar a nuestra habitación. Cuando estuvimos solos en la habitación, comencé a llorar mucho y no podía detenerme. Debió haber sido por el estrés de la semana anterior y por la falta de sueño. A pesar de que estaba exhausta mi río de lágrimas fluyó hasta la mañana. Así que mi noche de bodas se convirtió en mi noche de lamentos. Pero, Al Hamdulil-lah, mi esposo probó ser un hombre muy tierno y paciente, y aún lo es, ma sha Al-lah, y yo siempre le demuestro lo apreciado que es. A pesar de que la nuestra no fue una noche de bodas romántica, nuestros recuerdos de ella nos han unido más y ambos estamos agradecidos por eso.
 
Una consideración que ha durado por años
 
Soy un hombre que tiene un salario decente, pero no estaba realmente preparado para la clase de gastos que mi boda me generaría. Gasté todo el dinero que había ahorrado y comencé a preocuparme por el futuro cercano. Sabía que, con el matrimonio y más responsabilidades, mis gastos aumentarían. En el día de mi boda estaba bajo mucho estrés debido a los muchos pensamientos negativos que no podía alejar de mi mente. Mi esposa, una profesora de educación primaria, se dio cuenta de cuán costosa era la boda. Así que, en nuestra noche de bodas ella me sorprendió diciéndome que me daría todo su salario por todo un año. Estoy en deuda con ella por la ayuda que dio a nuestra familia, y la amo aún más por el gran sentido común y cuidado que ella tiene. Su carácter, su consideración y sinceridad, no solo hicieron de nuestra noche de bodas una noche muy feliz, sino que nos ha ayudado a atravesar muchos momentos difíciles en nuestros muchos años de matrimonios, Al Hamdulil-lah.
 
Una puntada a tiempo salva el día
 
En mi día de bodas parecía que todo funcionaba tarde, incluyéndome a mí que llegué tarde a la ceremonia. Mi esposo, quien insistía en que nadie me llevara al hotel donde se realizaría la boda, estaba esperándome impacientemente en el vestíbulo. Mi madre y algunas de mis amigas estaban conmigo, ayudándome a prepararme para mi gran día.
 
De pronto, mi madre, de alguna manera, hizo que la cremallera se atascara en mi vestido de novia, ¡y no podía destrabarla! Después de 10 minutos, ella intentando y yo llorando, decidió llamar a mi esposo para que nos ayudara a liberar mi vestido de la cremallera. Él estaba nervioso y avergonzado, así que rompió la cremallera y me cortó la piel. La única solución para el vestido era que mi madre lo cosiera por la espalda para que no se abriera, así que lo hizo. Rápidamente recuperé la compostura y traté de arreglar mi maquillaje para dirigirme al hotel. Antes de que me fuera con mi esposo mi madre se aseguró de que llevara un par de tijeras conmigo.
 
 

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