¡Lo licencioso está invadiendo mi hogar! (Parte II)

¡Lo licencioso está invadiendo mi hogar! (Parte II)
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En la primera parte, hablábamos sobre uno de los problemas más grandes por el que muchos matrimonios está atravesando, este es la adicción de uno de los esposos a frecuentar páginas de internet cuyo contenido es licencioso, vulgar e inmoral. Mencionamos algunas de las causas que pueden llevar a estas personas a visitar estos sitios, y dimos algunos consejos que pueden servir para solucionar este problema.

Continuando con el tema, te decimos hermano, hermana en el Islam, que el hecho de que tu pareja te oculte este mal hábito que ha adquirido es un gran adelanto, pues ello indica que comprende que está haciendo algo indebido y prohibido, y que no es una persona que guste de hacer públicas las malas conductas. Este es un buen principio desde donde puedes comenzar a tratar el problema, no le hagas saber que tú estas al tanto de su comportamiento, tómate las cosas con calma, date un respiro y aconséjale de forma indirecta; pues muchas veces es más efectivo el consejo indirecto que el directo. Cuando estén hablando, trata de tocar el tema utilizando, por ejemplo, una historia de la vida real en la que el internet fue el causante de la desintegración de un hogar que era muy estable, al respecto hay muchas historias de las que te puedes valer, así puedes iniciar el diálogo con tu pareja sobre el tema; y no olvides tener pendiente las aleyas del Corán y los dichos del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, que llaman a la buena conducta, al decoro y la piedad.
Trata de generar y fortalecer en tu pareja el sentido de supervisión de sí misma. Puedes decirle que tú has sentido la tentación de entrar en páginas licenciosas, y que cuando estuviste a punto de hacerlo recordaste que si lo hubieras hecho no solo habrías cometido una falta contra las órdenes de Al-lah, sino que también hubieses cometido un delito en contra tuyo y de tu familia al exponerte a ti y a ellos a la destrucción, porque los que acostumbran a entrar a estos sitios se convierten en adictos a ellos y adquieren costumbres inusuales y anormales; sin olvidar mencionarle que esto los lleva a comparar lo que viven con su respectiva pareja y lo que ven en estas páginas malditas, y en la mayoría de los casos, la imagen que le presentan estos medios hace que se decepcionen de su esposo o esposa, haciendo que se pierda el amor, el respeto y hasta la confianza en el otro.
Procura que la computadora esté en un lugar visible en la casa, que la pantalla siempre esté en dirección a los demás, esto para que quien la use se sienta vigilado y no pueda entran en estos sitios por vergüenza a los demás. Corta el servicio de internet por un tiempo, y si no es una herramienta necesaria en tu hogar, pues hazlo definitivamente; o, como mínimo busca adquirir programas que impidan ingresar a páginas cuyo contenido es censurable. Cuando tengas la seguridad de que tus hijos no se encuentran presentes, abre una página de esas que ha visitado tu esposo o esposa y vete; cuando él o ella entre y vea que ese sitio está abierto, se preocupará por el peligro que corrió ante la posibilidad de ser descubierto/a.
Trata de ser paciente evitando una confrontación directa y pídele mucho a Al-lah que te Ayude a ti y a tu cónyuge para que se solucione el problema de la mejor manera. Si los medios que has utilizado no han tenido ningún efecto y vez que su conducta no cambia, debes buscar el lugar y el momento indicado para dialogar. Cuando lo hagas, no lo/a hieras ni insultes, pregúntale las razones que lo/a llevan a frecuentar estos sitios electrónicos, qué siente, por qué lo hace, etc. Pon mucha atención a todo lo que te dice, déjalo/a hablar y sacar todo lo que tiene dentro de sí, pues sus respuestas y lo que dice te ayudará a comprender los motivos de su error y de esta forma te será mucho más fácil encontrar soluciones. No olvides que las posibles soluciones deben ser acordadas por los dos; para ello, deben ponerse de acuerdo en qué es lo mejor para ambos, claro, poniendo siempre como base la piedad y el temor a Al-lah.

Menciónale que todos los seres humanos cometemos errores, pero el mejor de todos es el que los reconoce y trata de corregirlos, arrepintiéndose y tratando de no volver a cometerlos, tal como lo mencionó y enseñó el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Si tu esposo o esposa te menciona que trató de dejar esa mala costumbre pero no pudo, no lo/a recrimines; por el contrario, anímalo/a diciéndole que ese es el primer paso y que tú estas a su lado para ayudarlo/a, y que juntos, con el favor de Al-lah, podrán resolver ese problema.

 

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