Para la mujer

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La precipitación

La precipitación
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La precipitación es lo opuesto a la minuciosidad. Es el acto de lograr o hacer algo antes de su debido tiempo, generalmente nace de la ansiedad de hacer realidad los deseos propios. La precipitación es, de hecho, parte integral de la naturaleza humana, pues Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): {Así como el hombre ruega a Al-lah para pedirle un bien, en momentos de ira, por ser muy impulsivo, Le ruega que envíe un mal sobre aquel con quien él esté enojado [pero por la misericordia de Al-lah estos ruegos no le son respondidos].} [Corán 17:11]

 
Así pues, el ser humano es impulsivo y precipitado por naturaleza, tanto así que con igual precipitación ruega por el mal y por el bien. Por esto mismo, se dice que “la precipitación es de Satán”, pues en ese momento es que Satán incita al hombre a cometer pecados que no habría cometido de haber meditado y pensado con anticipación qué curso tomar.
 
Una cualidad destacable
 
El apresuramiento es reprochado en el Corán por ser resultado de nuestros deseos y pasiones. Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): {Si Al-lah Se apresurara en castigar a los hombres de la misma forma que a éstos les urge procurar el bien, ya les habría llegado su hora [el castigo]. Pero Abandonamos a quienes no esperan comparecer ante Nosotros vacilantes en su extravío.} [Corán 10:11] {Di: El castigo os tomará de noche o de día [y no podréis evitarlo]. ¿Cómo es que los pecadores pretenden que pronto les acontezca? Cuando os sobrevenga el castigo creéis, siendo que era esto lo que vosotros pretendíais adelantar.} [Corán 10:50-51]
 
Hay muchas otras aleyas que desaconsejan la precipitación. Al-lah Prohibió a Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, incluso precipitarse con la recitación del Corán. Así pues, Dijo (lo que se interpreta en español): {¡Exaltado sea Al-lah! El único Soberano real. No te adelantes [¡Oh, Muhammad!] a recitar lo que te Estamos revelando del Corán hasta que no Concluyamos, y di: ¡Oh, Señor mío! Acrecienta mi conocimiento.} [Corán 20:114] Y: {No te apresures [¡Oh, Muhammad!] a repetir [la recitación del Corán cuando te es revelado, más bien espera a que concluya la revelación].} [Corán 75:16]
 
Si un hombre responde a su precipitación innata por seguir sus deseos, difícilmente tendrá una excusa si, como siempre sucede con los precipitados, su accionar provoca su perdición.
 
Esto es lo que le sucedió a un hombre, de cual nos relata Sahl Bin Sa’d lo siguiente: “Había un hombre que había sido el más valiente de los guerreros musulmanes durante una expedición encabezada por el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Sin embargo, el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, lo miró y dijo: “Quien quiera ver a un habitante del Infierno que lo vea a él”. Al oír eso, un hombre lo siguió. Vio que fue seriamente herido estando en combate contra los incrédulos. En ese estado, el hombre se apresuró a quitarse la vida clavándose su espada en el pecho, hasta que la punta de esta salió entre sus hombros. El hombre que le había seguido volvió a toda prisa ante el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y dijo: “Doy testimonio que eres el Mensajero de Al-lah”, a lo que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, respondió: “¿Y eso por qué?” El hombre dijo: “Tú dijiste de fulano: ‘Quien quiera ver a un habitante del Infierno que lo vea a él’, y él lucho con valor entre nosotros y por la causa musulmana, pero yo sabía que no moriría como musulmán. Así fue que lo seguí y se apresuró a morir suicidándose impulsivamente”. Entonces, el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Un hombre puede pasarse su vida actuando como la gente del Infierno pero ser en realidad de la gente del Paraíso. Y también, puede pasar su vida actuando como la gente del Paraíso y ser, en realidad, de la gente del Infierno. En verdad, las obras son decididas por las últimas acciones”. [Bujari y Muslim]
 
La impulsividad en las plegarias
 
Anas, Que Al-lah Esté Complacido con él, relató: “El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, visitó a un musulmán que estaba tan pálido y tieso como una gallina (muerta). Le preguntó: ‘¿Le has suplicado (a Al-lah) algo respecto a tu problema?’ El hombre respondió: ‘Yo solía decir: ¡Al-lah¡ Adelántame en este mundo el castigo que me impondrás en el otro (por mis pecados)’. Entonces, el Mensajero de Al-lah le aconsejó: ‘¡Glorificado sea Al-lah! Tú no puedes soportar eso. ¿Por qué no dices, en cambio: Al-humma atina fid Dunia Hasanah wa fil ajirati Hasanah wa qina ‘adhaban Nar (¡Al-lah¡ Danos en esta vida el bien y en la otra el bien, y protégenos del castigo del fuego)?’ Entonces, el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le suplicó a Al-lah, el Todopoderoso, por el hombre y Él lo curó”. [Muslim]
 
En otra ocasión, relata Fudalah Ibn ‘Ubaid, Que Al-lah Esté Complacido con él: “El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, oyó que alguien rogaba a Al-lah durante su rezo sin haber mencionado Su magnificencia ni haber invocado Sus bendiciones sobre el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Entonces, el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Te has apresurado, tú que imploras”. Luego, el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, enseñó a todos los presentes lo que se debe decir antes de rogar a Al-lah. Después, el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, oyó a una persona rogando, que glorificaba primero a Al-lah, el Todopoderoso, y luego invocando las bendiciones de Al-lah sobre el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam; entonces, dijo: “Ruega, que se responderá; pide, que se te dará”. [An-Nasa’i y At-Tirmidhi, es Sahih]
 
Abu Hurairah, Que Al-lah Esté Complacido con él, nos relata que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “La plegaria de cualquiera de ustedes será respondida mientras que no se apresuren y digan: ‘Supliqué y mi plegaria no fue escuchada’”. [Bujari y Muslim]
 
La precipitación positiva
 
La precipitación es buena si está relacionada con asuntos de la otra vida. Sa‘d Ibn Abi Waqas, que Al-lah Esté Complacido con él, relató que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “La deliberación debe ser observada en todo acto, excepto en aquellos relacionados con el más allá”. [Abu Dawud, Albani: Sahih]
 
El ejemplo del Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam
 
‘Aishah, que Al-lah Esté complacido con ella, relató al Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, la historia de “once mujeres que se sentaron juntas y juraron no ocultar nada sobre sus esposos. La primera dijo: ‘Mi esposo es como la carne de un camello flaco que esta sobre una montaña; no es fácil escalar la montaña ni es la carne suficiente para que alguien suba a buscarla. La segunda dijo: no diré todo sobre mi esposo, pues temo que si empiezo a describirlo no terminare nunca; si empiezo a describirlo mencionaré todos sus defectos y malos hábitos. La tercera dijo: mi esposo es un hombre muy radical, si lo describo (y él se entera) me va a divorciar; si me quedo callada, él no me divorciará ni me tratará como se debe tratar a una esposa (como ya es su actitud hacia mí)…” [Bujari y Muslim]
 

Esta es una historia muy larga de la que citamos solo parte. El punto es que el Profeta no era precipitado ni impaciente; con todas sus responsabilidades y preocupaciones, él escuchó pacientemente la larga historia de su esposa ‘A’ishah hasta el final, sin interrumpirla. Debemos aprender de este ejemplo de paciencia y evitar ser precipitados.

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