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Las institutrices y las sirvientas sustituyen a las madres (Parte I)

Las institutrices y las sirvientas sustituyen a las madres (Parte I)
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El empleo de institutrices y sirvientas es un fenómeno común hoy en día en muchos hogares a lo largo y ancho del mundo. Algunas de dichas mujeres han pasado a sustituir a las madres de familia a pesar de que a menudo no hablan el idioma y a veces ni siquiera son musulmanas. Todos estos factores repercuten gravemente en el futuro de nuestros hijos. 

En la actualidad, vemos a familias que permiten de buena gana que institutrices y sirvientas invadan sus hogares. Les pido a los padres de familia que me disculpen por usar la palabra “invadir”; con ello no quiero decir que dichas mujeres entren a sus casas para matar y saquear. Lo que quiero decir es que a veces pueden llegar a hacer que los hijos se alejen de sus padres y pueden llegar a tener gran control sobre los niños debido a los largos periodos de tiempo que pasan con ellos. Por tal razón, las institutrices se han convertido en las madres de facto para nuestros hijos. 
Antes de explicar las consecuencias de abandonar a los hijos y dejar su educación  bajo la supervisión y dirección de una institutriz, me gustaría señalar el hecho de que algunos padres llegan incluso a contratar  a sirvientas para que estas cuiden a sus hijos y los críen. Esto se hace usualmente porque la madre no está en casa, por lo que la sirvienta tiene que cuidar de los hijos aparte de cumplir con las difíciles tareas domésticas que le han sido asignadas. Algunas sirvientas no están calificadas para cuidar niños, y por lo tanto necesitan quien las dirija y las guíe. Además, una sirvienta que hace a la vez de institutriz puede incluso ser analfabeta. 
Una institutriz es una mujer que ha sido entrenada o ha recibido un grado académico en la educación de niños. Los padres pueden confiar hasta cierto punto en que les dará una buena educación a los hijos. No obstante, una institutriz –no importan que tan calificada sea- nunca será como la madre, cuyo hijo es parte de sí misma. La madre es la que lo concibió y sufrió durante el embarazo y la lactancia; es la que se despierta para calmar a su hijo dándole pecho y abrazándolo con compasión; es la fuente de nutrición para su bebé, así como la fuente de protección y cuidado que le acompaña durante su crecimiento. Incluso después de que el hijo se vaya de la casa y se mude a un nuevo hogar después del matrimonio, la madre seguirá siendo para él/ella una fuente de súplicas por el resto de sus días. La madre podrá estar presente al lado de sus hijos físicamente, pero estará ausente en términos de dirección y guía para sus hijos si deja esta responsabilidad en manos de una institutriz o sirvienta. 
Esto es muy peligroso porque las emociones, costumbres y compasión artificial podrían acercar al niño y a la institutriz o sirvienta y hacer que se sienta más cercano a ella que a su propia madre. 
El padre podría ponerse de parte de la sirvienta si siente que su esposa se niega completamente a cuidar a los hijos y a él mismo. La esposa puede pedir a la sirvienta o la institutriz que cuide de su marido, lo cual podría tener consecuencias catastróficas en la vida marital. La única que sale perdiendo en tal caso es la propia esposa, quien permitió que la sirvienta invadiera el aspecto más importante y privado de su vida, es decir, su esposo. 

Desafortunadamente, hay madres que permanecen en casa pero que aun así dejan toda la responsabilidad del hogar en manos de sirvientas que actúan como si fueran las patronas. Si bien la madre de familia, que también es una esposa, dispone de suficiente tiempo para encargarse de su esposo y sus hijos, prefiere salir de compras o reunirse con sus vecinas por las mañanas o telefonear con sus amigas hablando de cosas triviales e insignificantes por horas. El marido puede volver cansado a casa y en búsqueda de tranquilidad, comida y descanso para así poder reanudar su trabajo o satisfacer a su esposa e hijos; pero al llegar no encuentra más que a la sirvienta, quien le da de comer algo que a él tal vez ni le guste ni lo haga feliz. 

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