Para la mujer

  1. Para la mujer
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Los jóvenes y el amor por esta vida

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Todos los musulmanes concuerdan en que el corazón se enferma de la misma forma que el cuerpo lo hace, pero que las enfermedades del corazón son mucho más peligrosas que las del cuerpo, pues estas últimas solo ponen en riesgo esta vida, mientras que las primeras hacen que se pierda la relación de la persona con Al-lah y su éxito en la vida del más allá.

Una de las enfermedades más peligrosas que atacan al corazón y una de las epidemias que ha contagiado a más personas es la confianza y la esperanza que tienen de vivir muchos años.

Algunos eruditos han señalado que esta actitud conlleva a aferrarse a esta vida terrenal descuidando la vida del Más Allá, a abandonar los actos de adoración y las obligaciones para con Al-lah y a aplazar el arrepentimiento. Estos son solo algunos efectos de esta enfermedad, pues los síntomas reales son el deseo de vivir muchos años y la negación y olvido de la muerte. Dijo Al-lah: {Se aproxima la hora en que la gente deberá comparecer [ante Dios para ser juzgada], sin embargo, se muestran indiferentes, lejanos. Siempre que les llega de su Señor una nueva revelación, la escuchan y la toman a broma, con sus corazones distraídos. Los injustos dicen entre sí en secreto: “[Muhammad] no es más que un mortal al igual que nosotros. [Y recriminando a los que lo escuchaban dicen:] ¿Cómo aceptan ser cautivados por la magia de sus palabras si saben [que es un farsante]?”} [Corán 21:1-3]; y dijo también: {Déjalos que coman, que disfruten y sean seducidos por el apego a esta vida mundanal, que ya sabrán} [Corán 15:3].

No estamos aludiendo que tener esperanza sea algo malo y mucho menos tener anhelos, deseos y ganas de vivir, pero lo que sí es malo es que esa esperanza y esos deseos nos hagan olvidar por completo que debemos aprovechar esta vida para ganarnos la del Más Allá.

La persona que ha sido contagiada con esta enfermedad sufre al pensar que un día tendrá que dejar esta vida, a la que ve como solo alegría y se olvida de las pruebas que hay en ella y las calamidades que pueden ocurrir, esto porque está engañada por sus deleites, por sus adornos y por su brillo de oropel. Al tomar la vida de esta forma la gente se estrella con la realidad, pues tarde o temprano se encontrará con que todo lo que vivió fue un engaño.

Tanta gente que a lo largo de la historia pensó que había logrado alcanzar la eternidad, que había descubierto el secreto de la vida y, en menos de nada, todo lo que pensaba que había logrado y obtenido desapareció, se lo llevó una tormenta, un terremoto, una calamidad o un vendaval. ¿Dónde quedaron todos esos reinos, imperios y sociedades que se creían invencibles?

Jóvenes, no se dejen engañar por los deleites de esta vida, disfruten de ella, pero no dejen que los distraiga de su adoración. Sigan el consejo que Al-lah nos dejó en el Corán cuando dijo: {¡Oh, gente! La promesa de Dios es verdadera. Que no los alucine la vida mundanal, y que el Seductor no los aparte de Dios} [Corán 35:5]; y: {¡Oh, pueblo mío! En esta vida mundanal hay solo placeres temporales, mientras que la otra vida es la morada de la eternidad} [Corán 40:39].

Ali, que Al-lah esté complacido con él, dijo: “Esta vida está dando la espalda, mientras que la otra está llegando. Aquí se obra y no hay rendición de cuentas, mientras que en el más allá, tendremos que responder por todo lo que hicimos y dejamos de hacer aquí”.

‘Utbah Bin Gazwan en un sermón dijo: “Este mundo es pasajero y ustedes se dirigen a una vida en la que no hay final; hagan todo lo que puedan para que al llegar a ella estén bien preparados, pues se nos enseñó que una piedra será tirada al fondo del Infierno y caerá durante setenta años sin llegar al fondo”.

Omar Bin Al Jattab dijo: “Gente, este mundo no es un lugar duradero, Dios decretó que es finito y que los que lo habitan partirán”.

Se narró que Jesús, la paz de Dios sea con él, dijo: “Este mundo es como un puente, crúcenlo y no se queden en él”.

Así es como debemos ver esta vida, como lo que es, finita, pasajera, que es solo una estación y que debemos prepararnos en ella para lograr alcanzar el bienestar en el Más Allá. 

 

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