El tratado de Al Hudaibiah -IV

El tratado de Al Hudaibiah -IV
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Cuando la escritura del tratado se concluyó, el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo a sus Sahabah: “Levantaos, sacrificad las ofrendas y rapaos”. Y, ¡por Al-lah!, ningún hombre de ellos se levantó hasta que repitió sus palabras tres veces. En vista de que no le obedecían, él entró a ver a Umm Salama, que Al-lah Esté complacido con ella, y le mencionó lo que hacía la gente. Umm Salama, que Al-lah Esté complacido con ella, le dijo: “¡Profeta de Al-lah! ¿Quieres que tu orden sea obedecida? Sal sin decirles palabra alguna, sacrifica tu ofrenda y llama a alguien para que te afeite la cabeza”. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, salió sin decirles nada hasta hacer eso; sacrificó su ofrenda y llamó a alguien para que le afeitara la cabeza. Cuando los Sahabah vieron aquello, se levantaron y sacrificaron sus ofrendas y empezaron a afeitarse unos a otros, con tal prisa que casi se matan unos a otros.
 
Luego llegaron ante el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, algunas mujeres creyentes y Al-lah Hizo descender: {¡Creyentes! Cuando vengan a vosotros mujeres creyentes que hayan emigrado, ¡examinadlas! Al-lah conoce bien su fe. Si comprobáis que de verdad son creyentes, no las devolváis a los infieles: ellas no son lícitas para ellos ni ellos son lícitos para ellas, ¡reembolsadles lo que hayan gastado! No tenéis nada que reprocharos si os casáis con ellas, con tal que les entreguéis su dote. Pero no retengáis a las incrédulas...} [Corán 60:10). Entonces, ‘Umar, que Al-lah Esté complacido con él, divorció a dos de sus esposas que eran politeístas. Una de ellas se casó con Mu’awiah Ibn Abu Sufian y la otra se casó con Safwan Ibn Umaiah. Cuando el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, volvió a Medina, llegó ante él Abu Basir, un hombre de Quraish que era musulmán. Enviaron dos hombres a buscarlo, dijeron: “(Cumple) el compromiso que nos diste”. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, se los entregó y salieron llevándoselos hasta que llegaron a Dhul Hulaifah. Allí se detuvieron para comer unos dátiles que traían. Abu Basir dijo a uno de los hombres: “¡Por Al-lah! Yo veo que tu espada, fulano, es muy buena”. El hombre la sacó y dijo: “Claro que sí. ¡Por Al-lah que es buena! Y la he probado muchas veces”. Abu Basir le dijo: “Muéstramela para que la vea”. El hombre se la alcanzó y Abu Basir lo golpeó con ella hasta que quedó frío. El otro hombre huyó hasta que llegó a Medina y entró apresuradamente a la mezquita. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo cuando lo vio: “Este ha visto algo espantoso”. Cuando el hombre llegó hasta el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le dijo: “¡Por Al-lah! ¡Mi compañero fue muerto y yo también casi muero!” En eso, llegó Abu Basir y dijo: “¡Profeta de Al-lah! Al-lah salvó tu palabra y responsabilidad. ¡Por Al-lah! Tú me entregaste a ellos y después Al-lah me salvó de ellos”. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “¡Ay de su madre! ¡Qué excelente provocador de guerras sería si tuviera alguien que lo apoye!”.
 
Cuando Abu Basir oyó aquello y entendió que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, lo devolvería a Quraish; huyó hasta que llegó a la costa del mar. Tiempo después, Abu Yandal logró escapar de Quraish y se unió a Abu Basir. Y sucedió que todo hombre musulmán que huía de Quraish se unía a Abu Basir, hasta que formaron un contingente. ¡Por Al-lah! Cuando oían de una caravana de Quraish que iba hacia Sham, la atacaban, mataban a la gente y tomaban sus pertenencias. Quraish mandó decir al Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, apelando a Al-lah y la relación familiar, que mande llamar a Abu Basir y que todo aquél que llegue a Medina se quedará allí en seguridad. Así que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, mandó llamar a la gente de Abu Basir. Entonces Al-lah Hizo descender:{Él es Quien os Protegió de vuestros enemigos [los idólatras], y Dispuso que después de daros la victoria sobre ellos no les agredieras en el valle de la Meca. Y por cierto que Al-lah Está bien informado de lo que hacéis.Ellos son los incrédulos que no os dejaron llegar a la Mezquita Sagrada, impidiendo que los animales [que llevabais para sacrificarlos como ofrenda en la Meca] no llegasen a su destino. Y de no haber sido porque podríais haber cometido un grave pecado, si atacabas la Meca, matando o hiriendo sin daros cuenta a algunos hombres y mujeres creyentes que no conocíais y que habitaban en ella, Al-lah os lo habría Permitido. Ciertamente Al-lah alcanza con Su misericordia a quien Él quiere. Si os hubiera sido posible diferenciarles [a los incrédulos y a los creyentes] unos de otros, os habríamos hecho infligir un doloroso castigo a los incrédulos.Cuando los incrédulos cerraron sus corazones a la Verdad [impidiéndole a los creyentes ingresar a la Meca], como en la época de la ignorancia [previa al Islam], Al-lah Hizo descender el sosiego sobre Su Mensajero y sobre los creyentes, y les Infundió el completo sentido de la piedad, pues eran los más dignos de ella; y Al-lah es Omnisciente.}  [Corán 48:24-26] “Y su fanatismo era tal que se negaron a reconocer que Muhammad era Profeta de Al-lah, se negaron a escribir: “Al-lah, el Clemente, el Misericordioso” e impidieron a los musulmanes visitar la Casa Sagrada”. [Bujari]
 
Continúa…

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