Breve historia de la Navidad (Parte 4)

Breve historia de la Navidad (Parte 4)
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Para las iglesias católicas y varias iglesias protestantes que celebran la navidad, el origen pagano de las tradiciones navideñas no afecta la importancia y trascendencia del hecho de rendir homenaje a su divinidad encarnada, al hombre que consideran consustancial con Dios. Argumentan que si su mente y su corazón están enfocados en alabar al hijo del Creador, no importa que los medios para ello tengan relación y algunas raíces en cultos idólatras. De modo que el que tenga orígenes paganos, y que hoy día se haya convertido en una festividad superficial y mercantilista, no le resta méritos a quien la celebre con el firme propósito de recordar a Dios. Por su parte, los Testigos de Jehová y algunas iglesias de la Reforma creen que llevar a cabo fiestas paganas para alabar a Dios es un contrasentido, que se constituye en una mayor blasfemia cuanto mayor sea la creencia en que dando regalos materiales y consumiendo bebidas alcohólicas se está ganando el favor divino. De hecho, en el siglo XVII los calvinistas declararon que celebrar el cumpleaños de Jesús, la paz sea con él, era una invención humana. Para los puritanos, Jesús, la paz sea con él, no habría aprobado la celebración de la navidad por ser una práctica pagana y una excusa para hacer el mal. En 1643 el Parlamento de Inglaterra declaró ilegal la navidad y la pascua, y en 1659 los puritanos de Massachussets declararon la ilegalidad de la navidad. Los cuáqueros en Filadelfia también rechazaban la idea de celebrar la navidad. Fueron los católicos irlandeses y alemanes los que con su migración a Estados Unidos en el siglo XIX, renovaron el interés por esta festividad.

La navidad, hoy por hoy, es la gran alegría de los comerciantes, sean judíos, cristianos, ateos, agnósticos, masones o satanistas. Es también la alegría de los niños que cuentan con padres que pueden colmarlos de regalos. A la vez, es motivo de depresión para quienes sienten el peso de la soledad más que nunca en estas fechas (en muchos lugares se ha prohibido hacer sonar las campanas de las iglesias a la medianoche del 25 de diciembre, por ser éste un detonante de muchos suicidios), y de tristeza o envida para quienes no tienen la suerte de recibir regalos. Una fiesta instaurada para celebrar, recurriendo a tradiciones paganas, el nacimiento de un hombre que rechazó toda forma de paganismo e idolatría, un hombre que nunca celebró su cumpleaños, y que jamás tuvo la pretensión de ser celebrado ni mucho menos adorado.
«No aprendan ustedes la conducta de las naciones, ni se aterroricen ante las señales del cielo, aunque las naciones les tengan miedo. Las costumbres de los pueblos no tienen valor alguno. Cortan un tronco en el bosque, y un artífice lo labra con un cincel. Lo adornan con oro y plata, y lo afirman con clavos y martillo para que no se tambalee. Sus ídolos no pueden hablar; ¡parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones! Tienen que ser transportados, porque no pueden caminar. No les tengan miedo, que ningún mal pueden hacerles, pero tampoco ningún bien.» Jeremías 10:2-5.  

Breve historia de la Navidad (Parte 1)

Breve historia de la Navidad (Parte 2)

Breve historia de la Navidad (Parte 3)

 

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