At-Tawakkul, encomendarse a Al-lah (parte 2 de 2)

At-Tawakkul, encomendarse a Al-lah (parte 2 de 2)
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El Tawakkul de la abeja
Primero veamos la fascinante vida de la abeja. Al-lah dice: {Tu Señor les inspiró a las abejas: “Habiten en las moradas que hayan construido en las montañas, en los árboles y en las que la gente les construya. Aliméntense de los frutos y transiten por donde les ha facilitado su Señor”. De su abdomen sale un jarabe de diferentes colores que es medicina para la gente. En esto hay un signo para quienes reflexionan} [Corán 16:68-69].
Solo mira el épico trabajo que la abeja debe realizar para producir su miel. La abeja explora los lugares más inaccesibles, en las montañas, los bosques y hasta en los poblados humanos. Absorbe el néctar de las frutas y flores de varios tipos. Luego fabrica la miel en su cuerpo y la almacena en sus celdas de cera en la colmena
Los diferentes tipos de alimentación que tiene le dan distintos colores a la miel. Pensemos un poco: ¿no podría Al-lah darles su sustento a las abejas y evitarles el tener que ir tan lejos y pasar por todos esos esfuerzos? ¡Claro que podría! ¿No podría acaso crear más ríos y fuentes de agua? ¡Claro que podría! Pero, al observar el ciclo de trabajo de la abeja y al probar la dulzura de su miel, uno puede entender mejor y apreciar más la naturaleza y comportamiento de la abeja. Un comportamiento cuyos ingredientes serían el trabajo duro y la confianza plena en Al-lah, y eso es el verdadero Tawakkul.
El Tawakkul de las aves
Veamos el ejemplo de otra criatura de Al-lah. Él dice: {¿No han observado las aves suspendidas en el cielo? Es Dios Quien las sustenta. En esto hay signos para los creyentes} [Corán 67:79].
Como lo hizo con todas Sus criaturas, Al-lah proveyó a las aves las mejores condiciones de vida y las más apropiadas para su existencia. Él las inspiro también para hacer uso de sus formas físicas y movimientos únicos para poder despegar, volar y posarse; y así las aves agitan sus alas hacia arriba y abajo, adelante y atrás, para poder volar.
Pero las aves saben que lo que las sostiene en el aire no es el movimiento de sus alas arriba y abajo, adelante y atrás, sino Al-lah el Todopoderoso. Ellas saben que deben esforzarse y encomendarse solo a Al-lah para que las mantenga en el aire. A diferencia de muchos hombres rebeldes, las aves reconocen y practican un total Tawakkul a A-lah sin dejar de esforzarse.
Con este modo de vida, las aves se han convertido en un ejemplo a seguir de cómo se debe practicar el Tawakkul a Al-lah y nos muestran cómo Al-lah recompensa a quien se encomienda a Él del modo en que lo hacen las aves.
El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si se encomiendan plenamente a Al-lah, Él les proveerá como provee a las aves. Salen del nido hambrientas por la mañana y vuelven satisfechas por la noche” (Tirmidhi)
¿Se quedan las aves en sus nidos esperando la provisión de Al-lah? ¡Claro que no! ¿Acaso reclaman estar en alabanza continua a Al-lah y por ello no salen a buscarse el sustento? ¡Claro que no! Alabado sea Al-lah que inspiro a las aves para salir a buscarse su sustento y el de sus crías. Alabado sea el que les enseñó el Tawakkul de modo que no esperan el sustento de nadie más aparte de Al-lah.
El Tawakkul de María, la paz sea con ella
Volvamos ahora al mundo de los humanos para que les presente el ejemplo definitivo del Tawakkul. Este es el relato de una mujer gestante que se retiró con su hijo en su seno a un lugar alejado. Los dolores del parto la impulsaron a apoyarse en el tronco de una palmera. Sola, sin nadie que la ayudara, hambrienta y sedienta, dijo: {Preferiría haber muerto antes que esto, y así hubiera sido olvidada completamente} [Corán 19:23].
Pero una voz le respondió por debajo del tronco de la palmera, dice Al-lah: {Entonces [el ángel] la llamó desde abajo: “No estés triste, tu Señor ha hecho fluir debajo de ti un arroyo”} [Corán 19:24]. Entonces María supo que Al-lah la libraría de la sed, el hambre y los dolores del parto. Pero Al-lah quería que ella emprendiera una acción para poder beneficiarse de la provisión de Al-lah: {Sacude el tronco de la palmera y caerán sobre ti dátiles frescos} [Corán 19:25].
Después de haber cumplido la parte física de sus deberes, sacudir el tronco, debía cumplir la parte espiritual: encomendarse a la ayuda de Al-lah. Y la ayuda de Al-lah no se hizo esperar, pues dátiles frescos empezaron a caer del árbol sobre ella: {Come, bebe y anímate} [Corán 19:26].
Esta es la historia de María, la paz sea con ella, a quien Al-lah eligió para ser la madre del Mesías, el Profeta Jesús (‘Isa), la paz sea con él, cuando entró en labores de parto y se disponía a dar a luz a su hijo. Sin que nadie la ayudara, cuando sintió hambre y sed sin tener a nadie que le proveyera de comida y bebida; cuando se sintió débil y angustiada, se le pidió que sacudiera un árbol de palmera para su provisión. Una mujer cansada, hambrienta y sedienta sacudiendo una palmera bien firme y de raíces profundas. ¿Acaso no podía Al-lah mandar a Gabriel con suficiente comida y bebida? ¿No podía Al-lah mandar desde los cielos un plato con dátiles listos para ser comidos? ¿No podía Al-lah ordenarles a los dátiles que cayeran frente a María y lo habrían cumplido de inmediato?
¿Acaso no es Al-lah, después de todo, Quien dice que algo sea y es? ¡Claro que sí! Pero Al-lah ha establecido que uno debe esforzarse un poco y que la confianza en Al-lah debe ser completa. Se debe cumplir con el Tawakkul.
Esos fueron algunos ejemplos de criaturas de Al-lah encomendándose a Él. El camino más sabio para nosotros es, entonces, seguir ese ejemplo.
Por tanto, hagamos uso de los medios lícitos y ejerzamos un esfuerzo racional para satisfacer nuestras necesidades; luego mantengámonos leales a Al-lah encomendándonos a Él en todos nuestros asuntos y con esperanza de un resultado positivo.
Digamos como decían los primeros creyentes según nos informa Al-lah en el Corán: {Diles: “Él es el Misericordioso, creemos en Él y en Él depositamos nuestra confianza”} [Corán 67:29]; y también nos dice: {Encomiéndate a Dios, porque Dios es suficiente como protector} [Corán 33:3].
 

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