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La tribulación y la sedición sucedidas en el tiempo de los Sahabah (parte 4 de 10)

La tribulaciَn y la sediciَn sucedidas en el tiempo de los Sahabah (parte 4 de 10)

Los rebeldes en Medina

La correspondencia entre los sediciosos de Egipto e Irak se incrementó y los términos de la misma eran cada vez más fuertes, tanto así que pactaron encontrarse todos en Medina, durante la época del Hayy, para hacer pública su rebelión y desobediencia al Califa y su gobierno.
‘Uzman, que Al-lah Esté complacido con él, sabía de las intenciones de estos facinerosos, porque dos de los rebeldes habían confesado y descubierto todo el plan. Él era conocedor de la pena establecida por el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, y confirmada por sus Sahabah, que Al-lah Esté complacido con todos ellos, en contra de quienes fueran foco de corrupción y sedición, participaran en ella y se dedicaran a llevarla y promoverla por todas partes. Sin embargo, él mantuvo su política conciliadora y se negó a ser el que prendiera la mecha que hiciera estallar la Fitnah; dijo: “Perdonaremos, aceptaremos lo que nos corresponde y seremos pacientes. No aplicaremos la pena máxima hasta que ellos la merezcan por la ley o demuestren su incredulidad. Por cierto que ellos sólo me están recordando mis obligaciones.”
El Califa, que Al-lah Esté complacido con él, les respondió a todas sus inquietudes con sabiduría y claridad, tanto así que deshizo todos sus argumentos, uno por uno con pruebas de peso, al punto que los dejó sin nada que decir. Los musulmanes de Medina seguían convencidos de que estas personas debían ser eliminadas, pero ‘Uzman, que Al-lah Esté complacido con él, los dejó en libertad. Ellos regresaron a sus lugares de origen, pero pactaron secretamente volver escondiéndose entre los peregrinos el mes de Shawal (el octavo del calendario lunar islámico) de ese mismo año, el 35 de la Hégira, y encontrarse en las afueras de Medina.
Los promotores y seguidores de la Fitnah hicieron caso omiso a las aclaraciones razonables y justas del Califa, y se aprovecharon de su bondad y temor de ser el causante de la Fitnah. Cumplieron lo pactado entre ellos y sorprendieron al ‘Uzman y los musulmanes de Medina cuando ellos menos lo esperaban. Invadieron la ciudad de forma organizada, lo que les permitió asediar y sitiar al Califa en su casa. Se valieron de sus intrigas y aseveraciones, mismas que ya habían sido refutadas con veracidad y justicia; además, tenían el apoyo de varios ignorantes, quienes se habían dejado llenar la cabeza de todas estas mentiras y habían acreditado y aceptado que su causa era válida.
Los sediciosos mantuvieron su asedio en contra del Califa y seguían lanzando sus falsedades en contra de su persona; él, que Al-lah Esté complacido con él, les seguía respondiendo con razonabilidad y veracidad, pero ya la Fitnah había embriagado por completo la razón de esa gente, y lo que los movía no era una causa justa, sino el orgullo y la terquedad. Finalmente, le dieron a escoger entre renunciar a su cargo o la muerte, pero en ese momento ‘Uzman, que Al-lah Esté complacido con él, recordó la promesa que le había hecho el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, de que él morirá como mártir a causa de las tribulaciones que viviría en su tiempo. Abu Musa Al-Ash‘ari relató: “El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, estaba en uno de los jardines de Medina recostado en un almohadón y fijando una madera en el barro cuando un hombre pidió que le abriesen la puerta. Él dijo: ‘Ábrele y anúnciale el Paraíso’. Era Abu Baker. Le abrí y le anuncié el Paraíso. Luego otro hombre pidió que le abriesen. Me dijo: ‘Ábrele y anúnciale el Paraíso’. Fui y era Omar; le abrí y le anuncié el Paraíso. Luego otro hombre pidió entrar y el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, se sentó y dijo: ‘Ábrele y anúnciale el Paraíso después de los problemas que lo afligirán’. Fui y era ‘Uzman ibn ‘Affan, le abrí anunciándole el Paraíso y le conté lo que había dicho. Entonces dijo: ‘¡Oh Al-lah, Dame paciencia! Al-lah sólo Es Quien Auxilia’”. [Bujari y Muslim]
Además, el mismo Profeta de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le había prohibido que renunciara a su cargo. ‘A’ishah, que Al-lah Esté complacido con ella, relató que en una ocasión el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, había llamado a ‘Uzman ibn ‘Affan, que Al-lah Esté complacido con él, para hablar con él, dijo: “Se demoraron bastante juntos, y lo único que recuerdo es que el Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, le dijo: ‘No vas a abandonar la responsabilidad que Al-lah te Encomiende’”.
El Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, en vida le había anunciado a sus Sahabah que verían tras su muerte tribulaciones muy grandes, y les enseñó qué hacer cuando estas llegaran; por esta razón y por lo que mencionamos con anterioridad, ‘Uzman, que Al-lah Esté complacido con él, no accedió a la proposición que le hicieron los rebeldes cuando estos le pidieron, amenazándolo, que destituyera a todos sus funcionarios y que repartiera todos los bienes que ellos manejaban, o que renunciara a su cargo como Califa, de lo contrario lo matarían. Él les respondió: “Por Al-lah que no lo haré, y no les daré una sola prenda que Al-lah nos Haya Dado como vestido”.
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